miércoles, 27 de abril de 2011

Virtudes mágicas.

ACTUACIÓN.- Bien conocida es la actuación de las personas que acompañan a los señores políticos, en el sentido de prodigarles toda clase de halagos desmedidos.

MAGIA.- Como por arte de magia el "elegido", apenas "llega"; es convertido en gran orador, luchador incansable, benefactor, héroe, filántropo y hasta artista por las inflamadas palabras de "aliento" de los integrantes de su corte revolucionaria.

CHISTOSO.- Lo chistoso del caso, es que cuando los primeros calificativos hacen blanco en las mentes de los "meros, meros", éstos no les dan mucho crédito, toman aquello con ciertas reservas.

INSISTENCIA.- Pero la insistencia, la repetición sistemática de los halagos es tal, que las reservas con que fueron tomados en principio dichos halagos, se dejan a un lado, para empezar a pensar seriamente que en realidad se es merecedor de eso y aún ¿por qué no? de otras muchas cosas más...

CIMA.- Así pues, cuando llegan a la cima, su elocuencia de oradores no puede ponerse en tela de juicio, sus tareas en pro del pueblo son inigualables, su entrega es incomparable, su inteligencia fuera de lo común y hasta su fuerza física resulta increíble.

DECLIVE.- Pero toda vez que dejan el poder, con la misma facilidad con que llegaron a tener todas esas virtudes, de la misma forma se ven despojados de ellas.

CONSEJO.- Cuando alguien supo que un amigo suyo llegaría a ocupar un puesto de "elección popular", se acercó a él, y le dijo: "Aprovecha, serás inteligente seis años".-

José Luis Llovera Baranda. Campeche, Cam., Noviembre de 1977.

martes, 26 de abril de 2011

El recinto amurallado (entrevista al Arq. Carlos Flores Marini)

Releíamos ayer una entrevista que le hicimos al arquitecto Carlos Flores Marini, director de Monumentos Artísticos del INBA, en el pasado mes de marzo, y por lo significativo de uno de los temas que abordó quisiéramos hacer un comentario al respecto en virtud del interés que le vemos, ya que se refiere a la vida en los lugares que, como Campeche, tiene un recinto amurallado.

Pues bien, el arquitecto Flores nos decía que, al hablar de las ciudades amuralladas, había podido observar en varias de ellas un curioso fenómeno (que nosotros dividiremos en tres etapas, para que los lectores tengan una idea más precisa del asunto).

Primera: que en el recinto amurallado originalmente vivieran personas acomodadas que representaban la clase alta de la sociedad, pues este lugar era reservado para ellas. Así pues, vivir intramuros significaba distinción, solidez económica, etc.

Segunda: se caracteriza por todo lo contrario a lo anterior. Esto es que si en principio vivir en el recinto amurallado significaba elegancia o nobleza, en esta segunda fase representa pobreza por lo que las personas pudientes salen rápidamente de ahí y construyen sus casas en las afueras de la ciudad preferentemente, lo cual ocasiona la ampliación de la urbe entre otras cosas. Antes de seguir adelante quisiéramos recalcar que en Campeche actualmente se vive esta segunda etapa.

Tercera: El recinto amurallado vuelve como en los viejos tiempos a ser el lugar donde vive la gente rica, y esto se debe a la idea de muchos de tener una casa que otros no pueden tener, pues si todos están económicamente en condiciones de construirse una residencia no todos con la misma facilidad pueden adquirir una antigua casa enclavada intramuros, por diversas razones, fundamentalmente del orden sentimental.

Pensamos que la última etapa no la verán quizá ni nuestros nietos, pero parece lógico lo que Flores Marini expone, debido a que llega el momento en que se desea tener algo que otro no tenga, para demostrar a la sociedad en que se vive determinado tipo de circunstancias valederas para ser tomadas en cuenta, aunque sea por razones de índole material exclusívamente.

Nos parecen muy interesantes las observaciones del director de Monumentos Artísticos del INBA, sobre todo que lo que él afirma está respaldado por la experiencia, puesto que ha sucedido en otras partes con las características campechanas en cuanto a la existencia, de una ciudad amurallada, y el universal ingrediente de la vanidad humana.

El paso de los años será el encargado de decir a las futuras generaciones en Campeche, si el comentado fenómeno se presenta en nuestra tierra, pero por si las dudas para los que todo cifran en sus casas posición social, personalidad, etc.- sería conveniente que fueran adquiriendo otras en el recinto amurallado para que sus descendientes puedan seguir sin tropiezos, las líneas torcidas o rectas de bonanza económica que hoy esgrimen a manera de "ábrete-sésamo" en las esferas sociales.

José Luis Llovera Baranda.- Campeche, Cam., 20 de mayo de 1977.

lunes, 18 de abril de 2011

Urbanismo automotriz

¿Por qué asumimos que el urbanismo automotriz es insustentable?... pues porque quizás lo sea. Al menos hasta ahora, hasta hoy, la aplanadora económica llamada Estados Unidos de Norteamérica, ha vertido todas sus iniciativas sobre la premisa del diseño urbano a través del vehículo particular, fortaleciendo su economía ligándola al progreso de esta industria. Hoy día, y en un futuro inmediato, al menos eso creo, la historia se escribe con otro cariz.

Estados Unidos ha sentido el golpe duro e implacable de la recesión económica mundial. Ya casi nadie, ni siquiera los estadounidenses con su colosal poder adquisitivo han podido sostener el ritmo que este lujosísimo capricho de vida ha demandado por muchos años ya.

Como suele suceder, México ha sufrido las funestas consecuencias de haber copiado este modelo. Y digo que es común asumir el golpe de esta práctica, ya que somos los países en vías de desarrollo quienes, con el ánimo de seguir el galopante ritmo del progreso y la modernidad, no nos percatamos de la aplastante brecha de tiempo que separa a estas naciones.

Mejor no adoptemos experiencias ajenas a nuestra idiosincrasia y a nuestra cultura, mejor adaptémoslas a nuestra forma de vivir y a nuestra economía. Miremos a Europa y a sus paradigmas urbanos que, tal vez, sean más aplicables y adaptables a nuestro territorio y a nuestra civilidad.

Casi siempre pretendemos seguir a la par de los países desarrollados, cuando nosotros vivimos un desarrollo incompleto y siempre apresurado por la premura natural de sabernos siempre rezagados.

Interpretemos nuestros rezagos como una consecuencia resoluble, no como una eterna e inacabable forma de vida.

José Luis Llovera Abreu.

domingo, 10 de abril de 2011

A Lerma. Un melancólico adiós.



Por razones de índole personal, nos hemos visto en la imperiosa necesidad de abandonar nuestro siempre hermoso pueblo de Lerma. Le hemos dado un melancólico adiós, cuajado de tristeza y de nostalgia; un adiós difícil, pues no resulta nada fácil desprenderse de algo que a través del tiempo se ha identificado tanto con uno mismo.

Echaremos de menos las horizontales oraciones de ese mar lermero, que vive bajo los auspicios de la más elevada belleza natural.

Posiblemente pase tiempo antes de que volvamos a dialogar con pescadores amigos, con hombres de manos encallecidas y tez morena, cuyo oficio es jugar con la muerte; escribiendo versos de espuma con las quillas milagrosas de sus frágiles “cayucos”.

Recordaremos siempre a los personajes característicos de ese risueño lugar; tendremos presente a nuestro desaparecido amigo Marcelo Gutiérrez González, un viejo agricultor que al correr del tiempo trocó los útiles de labranza por el comercio, y cuyas transacciones comerciales bien podrían ser regios argumentos de muchos cuentos. Durante mucho tiempo disfrutamos de la plática ingenua y graciosa de Marcelo, quien fue apodado “el licenciado” por los vecinos del lugar, pues se constituía en consejero legal de todos los que a él acudían. Cabe anotar que nuestro citado amigo no sabía leer, y por tanto sus conocimientos no podían ser muchos, pero suplía su incultura con una clara viveza. En esto consistía precisamente lo característico en él. “Por lo mucho que he leído a pesar de no saber leer” decía, y después explicaba: “Todo lo he leído en el libro de la vida”.

Cosas como éstas acuden y acudirán a nuestra mente, y si algún día nos decidiéramos a escribir, tendríamos mucho material tan sólo con recordar a los personajes típicos de ese pueblo, que por cierto tendrán siempre en nosotros un lugar de respeto, afecto y sincera consideración.

Asimismo, tendremos siempre una especial estima a los amigos de la infancia, gran número de ellos profesionales hoy, que lograron llegar a obtener sus títulos, después de sortear innumerables problemas, sobre todo de índole económica. Nos sentimos plenamente orgullosos de esas amistades y es imposible dejar de sentir una gran admiración hacia ellos, pues los vimos levantarse de una cuna humilde, hasta llegar a ser lo que hoy son; profesionales que con su esfuerzo plasman un hermoso ejemplo para aquéllos que, estando acomodados económicamente, prefieren vagar que hacer algo de provecho.

Así pues, guardaremos celosamente el recuerdo indeleble de esos días azules, de esos días de Lerma, bajo cuyo cielo y frente a sus puestas de sol fuimos felices espectadores, rendidos admiradores de esa policromía celeste, que en forma tan generosa nos era obsequiada cotidianamente. Un suspiro eterno por aquellos días.

Ojalá que al correr del tiempo podamos volver al citado lugar para conseguir como dijera un distinguido literato “pescar recuerdos con el cebo del paisaje”.
Pero, mientras tanto, viviremos añorando pasados años, años delicadamente perfumados por una suave brisa que se nos entregaba con la misma ternura con que nuestro mar, como exquisito amante, acaricia las tibias arenas, con las que jugábamos haciendo castillos, de los cuales esperábamos salieran princesas encantadas. Imposible olvidar la desesperante espera por ver el rayo verde en las tardes mortecinas; imposible olvidar los nerviosos momentos en que escrutando el horizonte suponíamos poder sorprender el paso de alguna sirena que fuese en busca de su amado y que con su canto confesara el amor que por él sentía.

Y si algún día volviéramos a ese Lerma, al que hoy extrañamos, volveríamos quizá a tratar de sorprender el romántico canto de una sirena triste, que en vano trata de buscar un refugio bendito en donde pueda entregar el amor sublime que su pecho guarda.

De nuestros labios parte un melancólico adiós a ese pueblo hospitalario y noble, de audaces pescadores, los que, como dijéramos anteriormente, juegan con la muerte, escribiendo versos de espuma con las quillas milagrosas de sus frágiles “cayucos”…

José Luis Llovera Baranda. 

Alimento del alma.



Es indiscutible que el sentimiento de plena satisfacción personal no sólo radica en la culminación de un programa de estudios profesionales, ni tampoco en una serie de metas bien logradas, sino debe ser motivo de una sed de progreso constante y siempre latente en nuestros ánimos y ansias de vivir.

El hecho de cultivar nuestras almas y forjarnos un intelecto cada vez más sólido y ávido de una madurez incesante debe generar un nosotros mismos una gran serie de alternativas para vivir cada vez mejor; el simple transitar por los senderos de la vida es una actitud errante e inadmisible para todos aquellos que deseen sobresalir en este mundo cada vez más poblado y demandante de gente culta y capaz. Pero existen ciertas actividades que por lo regular, se desempeñan de una manera anexa u opcional y que no siempre, para fortuna o no, están estrechamente relacionadas con la profesión o labor predominante de la persona, me refiero a cualquier actividad que pueda forjar en nosotros un espíritu más fuerte, algo que ayude a sentirnos aún mejor y que llene y alimente por completo los espacios vacíos del alma.

La importancia y la trascendencia de estos “escapes” o quehaceres alternos radica precisamente en el hecho de poder romper alegremente con una monotonía que muchas veces existe en nuestras vidas y que nosotros, inconscientemente, nos negamos a cambiar por miedo a quebrantar una secuela cotidiana ya conocida y aparentemente tranquila y sin complicaciones. Creo que el hecho de desempeñar nuevos hábitos, tales como leer, escribir, pintar o cualquier otra actividad que de una u otra manera esté ligada con el arte, o simplemente dedicarnos al arte por unos cuantos instantes generaría nuevas perspectivas de vida. Pues bien, tal vez sea de suma importancia detenernos unos segundos en medio de todos nuestros enjambres e problemas y anhelos y tomar muy en cuenta que una de las mayores retribuciones de carácter personal, es sin duda, la de sentirnos plenamente satisfechos con nosotros mismos y que sea lo que sea que hagamos a favor de un bien personal o impersonal procurarnos una vida plena de satisfacciones, para así sentirnos verdaderamente realizados.

José Luis Llovera Abreu.

martes, 5 de abril de 2011

Tardes bohemias... vale decir que vivir en el recuerdo es volver a vivir.


                                                           
Con las alas de la imaginación, felizmente sanas hasta hoy, nos remontamos a los tiempos idos en donde podíamos navegar a toda vela por los mares de la placidez casi infinita, y bajo el siempre caro embrujo del gentilicio campechano, nos reuníamos viernes a viernes, para compartir tardes exquisitas que pasábamos en rondas de vinos, versos y canciones.

Tendremos siempre en la memoria el aroma mágico de mar, música y poesía, y a nuestros compañeros, cual cruzados adoradores de Euterpe, que nos deleitaban, nos cautivaban y nos hacían recordar generosamente lo que el insigne nicaragüense señalara: ¨En su noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana¨.

Recordamos que constantemente hacíamos votos para que esas reuniones continuaran siempre para regocijo del alma. Pero por esos tiempos, jóvenes al fin, olvidábamos que tarde o temprano, en nuestro caso, mas temprano que tarde, nos toparíamos con una serie de achaques propios de la edad, que mermarían capacidades para multiplicar el tiempo, aquél de pentagramas y poesías.

Hoy damos gracias a Dios de estar vivos, y que muchos entrañables amigos nuestros nos hayan obsequiado con su divino perdón, por no poderlos acompañar ahora a esas tardes bohemias que tanto disfrutamos. Empero, con nuestro muy castigado corazón que contra todos los pronósticos, sigue latiendo en mayúsculas, continuamos resignados, añorando esas reuniones enriquecedoras del alma, en donde escuchábamos el ritmo armonioso de nuestras olas marinas que trascendían a bendito canto y embrujo, lo cual nos permitía contemplar con ojos de relojes nuevos, las albas teñidas de rosas, oro y marfil, al decir del poeta, así como la policromía de los ocasos de esta preciosa tierra nuestra, a la que tanto amamos, que bien podíamos decir sin exageración alguna: ¨Quienes nacimos en Campeche, vivimos y morimos en la gracia de su poetividad exquisita¨.

Y es que en efecto, vivir en el recuerdo es volver a vivir…

José Luis Llovera Baranda

domingo, 3 de abril de 2011

Para mis amigos: La constante víspera de la ausencia eterna.


Alguien dijo alguna vez que lo único seguro, en este transitar por la vida, es la muerte. Desde un punto de vista práctico, sí lo es.

Pero no todo en esta vida es lo práctico, aunque sería práctico que así lo fuera, no es el caso de quienes habitamos en este planeta. Una miríada de conceptos y preceptos rondan nuestras cabezas y pululan nuestro entender, la verdad es que, ante lo impredecible e inexplicable, el ser humano prefiere aludir a lo comprensibilidad de lo filosófico, o ante la filosofía de lo incomprensible. Como uno lo quiera ver o como cada quien quisiera abordar el problema.

Nos encanta, y qué bueno, elevarnos hacia la inasibilidad mental de la fe, y me refiero a todo aquello que nuestros criterios son incapaces de “tocar” y, por la misma impalpabilidad de aquello, lo ubicamos en altitudes cerebrales que rayan en esferas subliminales en donde nuestro entendimiento es morador eventual y caminante inexperto. Así es, preferimos deambular por estos espacios semidesconocidos para, de esta forma, no llevar toda la carga de la responsabilidad que significaría el naufragar nuestra nave en la azarosa ruta de la relatividad de la vida.

No hallamos explicación a la anticipación de la muerte, no encontramos el asidero del raciocinio que nos explique, contundentemente, la única y genuina versión del porqué el destino, el futuro, el albedrío de la vida, en fin, todos aquellos designios inescrutables de las fuerzas invisibles del universo (no quisiera ahondar en la concepciones divinas y teológicas) nos deparan siempre rutas escabrosas con desenlaces misteriosos que redundan en desastrosos y funestos eventos que, cual acero hirviendo sobre la piel, nos dejan la mefistofélica huella de una calamidad lastimosamente inolvidable.

Podríamos dedicarle páginas enteras y millones de palabras a toda esta disertación de lo inexplicable, del mundo de las sibilinas circunstancias que conllevan a sucesos de profundo dolor. ¿Por qué ocurren las desgracias? ¿Por qué sin previo aviso y sin ninguna razón aparente? ¿Por qué de pronto nos mimetizamos con lo más frágil y vulnerable que pueda vivir sobre la faz de la tierra?... Dos respuestas: la primera, o simplemente es y será incomprensible por los siglos de los siglos o, segunda respuesta, somos sencillamente una especie más en este vasto universo, dentro de una insignificante galaxia y perdidos en los confines de este espacio material que llamamos planeta tierra, y en donde luchamos por la supervivencia a expensas de los imponderables del transcurrir de la vida biológica y física, y en donde preferimos vivir y subsistir relacionándonos y procreándonos en incesante lucha por la paz y la perpetuidad de nuestra especie: la raza humana.

Es una forma de abordar la ininteligibilidad del asunto. En efecto, hay muchas otras pero hoy, y ante lo ocurrido en las vidas de amigos fraternales y reconociendo la fragilidad que representa vivir en la víspera de la ausencia eterna, prefiero compartir con ustedes estas someras y vagas conclusiones en aras de ahondar, con un atisbo de practicidad, en tan complejos escenarios de nuestra difícil existencia en el rumbo de este trajín diario al que llamamos: Vida.


José Luis Llovera Abreu.

sábado, 2 de abril de 2011

Nuestro amigo Pepe Toraya.



Todas las ciudades del mundo tienen a sus personajes característicos. Campeche no es la excepción. Podemos citar a muchos, pero en esta ocasión nos referiremos a nuestro amigo el Sr. José Toraya Barquet, quien reúne todas las cualidades denotadas con la palabra campechanía: en efecto, es sincero, con la bondad propia del provinciano acendrado como es él, conserva siempre su espíritu juvenil a pesar de que ya puede considerarse que ha tramontado la tercera edad y esta perenne emoción primaveral lo hace proclive a conservarse también, a pesar de su edad, como un inmarchitable galán, y por ello enamoradizo y frívolo dentro del ancho territorio de un don Juan, no el que mereció las severas críticas del Dr. Marañón, sino con la lozanía varonil y eterna de un auténtico ladrón de corazones.

Las señaladas circunstancias de Pepe Toraya lo convierten por sus propios méritos en un tipo genuinamente representativo del campechano eterno, pues no admite en su proverbial unidad las distinciones entre Campeche nuevo y Campeche viejo que se redujeron a una calificación temporal meramente política.

Ha de decirse también para beneficio de sus amores procurados, que permanece aún sin allegarse a su media naranja, ya que defiende su empedernida soltería con verdadera pasión, pensando quizá en sus adentros que por qué va a hacer feliz a una sola mujer, pudiendo muy bien hacer felices a varias con sus amores efímeros y permanecer en esa forma como un deseado galán que practica el arte del enamoramiento a la manera antigua, o sea, caballeresco y respetuoso de la dama presunta a la que regala sus más emocionados piropos siempre animado por el innato respeto como el que guardó el inmortal don Quijote por su inefable Dulcinea.

Con estas palabras no queremos herir en forma alguna a nuestro estimabilísimo amigo Pepe Toraya, sino aunque hoy está escrito, como uno de los comentarios que solemos hacer sábado a sábado, las decimos siempre en las amenas tertulias a las que su amistad convoca en su domicilio y a las que puntualmente asistimos con verdadero contento y ufanía porque flota ahí ambiente de verdadera y leal camaradería, pues todos los concurrentes estamos religados con finos lazos de afectuosa amistad.

Sirvan también estas líneas de felicitación al amigo Pepe, por su reciente onomástico que será igualmente el señalado motivo de la próxima reunión con él.

José Luis Llovera Baranda.

Piratas del espíritu.


Del sitio soycaribe.net


El cada vez más preocupante deterioro moral que sufren muchas personas que cínicamente tratan de incursionar en diversas actividades culturales, como las políticas, periodísticas, literarias, etc., et., constituyen un severo lastre para lograr que las nuevas generaciones puedan navegar a toda vela por los mares de la verticalidad, la ética y la verdad.

Impulsados única y exclusivamente por el “estímulo” de la vanidad y el dinero exhiben su pobreza espiritual al arrastrarse tristemente en la desesperada búsqueda de unas monedas, o bien en el inmerecido elogio que los coloque a la altura de los grandes.

Y es que cuando no hay convicción plena de lo que se hace y se dice, se cae irremediablemente en el campo siempre triste de los mercenarios, de aquellos que con sus actitudes envilecen sobre todo a la juventud, desafortunadamente. La mejor vacuna contra la actitud ridícula y vanidosa de esos modernos piratas del espíritu es la de hacer exactamente lo contrario a lo que ellos hacen.

De ahí tal vez que, ante la proliferación de esos neobucaneros del alma, a las personas de bien se les tenga fuera de tiempo y lugar, descontinuados pues, en este mundo actual donde el respeto y la estima  muchos tratan de encontrarlos en el robo económico o en el fraude intelectual.

Los hombres cabales que tienen siempre ocupado el pensamiento con elevados principios son vistos como bichos raros, a los que los mediocres siempre atacarán por el simple hecho de ser valiosos y de poder dejar a su paso luminosas huellas, de hombres grandes a la manea que aconsejaba Kipling.

Así pues, despreciemos profundamente a todos aquellos farsantes que han hecho de la vanidad un oficio y del dinero un culto, y admiremos hoy y siempre a todas aquellas personas que con su ejemplo de cultura y honestidad puedan enriquecer principalmente a nuestra juventud, y que por lo grande y noble de sus actos podamos decir de ellas que tienen corazones lo suficientemente generosos, que sólo saben latir en mayúsculas.

José Luis Llovera Baranda.

Dos sonetos: Lecturas que iluminan.



Animados tal vez por los dorados ayeres, recordábamos que hace más de veinte años publicamos en las páginas del Diario de Yucatán unos sonetos, que a nosotros nos parecen espléndidos y que nos gustaría disfrutaran, sobre todo, las nuevas generaciones de lectores de “El Periódico de la Vida Peninsular”.

Y es que a pesar de que la forma literaria del soneto ha recibido a lo largo de los años numerosas críticas, generalmente motivadas por sus estrafalarios rigores numéricos, como expresara Jorge Luis Borges, siempre, dígase lo que se diga, es la creación formal más importante de la poesía lírica desde su nacimiento en el siglo doce, su inmediato apogeo en el renacimiento y su posición actual en los diversos movimientos literarios, y es que, no obstante sus exigencias formales, resulta con la anchura necesaria para captar las vivencias de su autor, sublimadas por la rima.

En el soneto “En vísperas” del Lic. Perfecto Baranda Macgregor, sentimos la acertada resignación ante la muerte que se vislumbra. Y otro gran poeta campechano, Rafael Perera Castellot le contesta al primero con otro soneto que bien podemos calificar, también, de antología.

EN VÍSPERAS

Lucho con los abrojos del camino:
me acorazan dolores, desengaños.
Ante el rudo castigo de los años
la muerte es redentora, a ella me inclino.

¿Cuándo me llamará? No lo adivino…
Cuenta para ello múltiples amaños
que aunque no son a la conciencia extraños,
por más que reflexiono, nunca atino.

Vegeto en las tinieblas… soy un ciego
que sólo espera con serena calma
que la parca señale mi partida.

Pero aún retengo en el cerebro fuego
hago versos escritos con el alma
como el último grito de la vida.

Perfecto Baranda Macgregor

A PERFECTO BARANDA MACGREGOR

Ciego, cómo te envidio porque aún canta
tu espíritu gentil. Cómo quisiera
que ese pájaro insomne se prendiera
en mi desolación, que nada encanta.

Seca tengo de angustia la garganta
y mustia mi quimera pordiosera.
Tú no, yo soy el ciego que agiganta
su fe en tu fe, que va por donde quiera.

Deja estrechar tu mano, noble y fuerte,
que espera la visita de la muerte
como una bella amada presentida.

Mientras yo… torpe y cobarde…
salgo a ver si un celaje de la tarde
ciega y destroza de una vez mi vida.

RAFAEL PERERA CASTELLOT

Estas son, sin duda lecturas que iluminan.

José Luis Llovera Baranda.