jueves, 10 de mayo de 2018


¿Por qué México tampoco puede ser Noruega?

(Artículo publicado en el periódico TRIBUNA  el 30 de abril de 2018)

Por José Luis Llovera Abreu

Con título audaz, me permito irrumpir nuevamente en este rotativo con el único interés de atraer al lector para que otee estas letras y le dedique unos minutos a este breve artículo.

Hace ya algún tiempo leí un interesante escrito periodístico acerca del éxito del modelo económico y social de Noruega. Desde luego que México y su contexto latinoamericano, aunado a sus antecedentes mesoamericanos, ibéricos y latinos, dista mucho de asemejarse a Escandinavia, pero hallé dos coincidencias determinantes para atreverme a comparar a estas dos naciones: el petróleo y su histórica política de pacifismo.

Muchos expertos y politólogos han denominado a Noruega como un país socialista. La verdad es que no lo es, pero ahondar en ello sería materia de otra reflexión.

Noruega, al igual que México, tuvo la suerte (llamémosle así por el momento) de encontrar petróleo por casualidad. Así es, así como aquel pescador de nombre Rudesindo Cantarell avizoró en la costa de la Sonda de Campeche restos de chapopote, lo que en efecto sería un brote de petróleo en el mar, Noruega encontró ese mismo hidrocarburo en el Mar del Norte. Después de eso a ambos países les cambió la vida.

Me encantaría decir, afirmando cabalmente, que a los dos les ha ido muy bien y que sus sendos descubrimientos fueron un “golpe de timón” determinante en su devenir económico y político y que han sido países boyantes y exitosos desde entonces. Me temo que, a excepción de lo último, estas almas gemelas mantienen solamente ciertas similitudes.

Veamos brevemente sus paralelismos. Noruega y México encontraron petróleo en sus litorales, los dos nacionalizaron sus reservas de petróleo, los dos dejaron que compañías internacionales se asociaran con sus gobiernos para la explotación del recurso energético (México solo lo implementó durante un lapso corto y ahora la reforma energética abrirá nuevas posibilidades) y ambas se han caracterizado como naciones pacíficas y sin conflictos bélicos con sus países vecinos.

Sin embargo, hay diferencias sustanciales que hacen que sus similitudes se transformen considerablemente y que no tengan los mismos efectos positivos. En Noruega todo el dinero que se capta por la explotación petrolera extranjera está grabado con impuestos muy altos, lo que significa una captación sustancial para las finanzas nacionales. Ahora bien, la gran diferencia estriba en lo siguiente: en Noruega todo el dinero que se obtiene de los yacimientos no se gasta, sino se invierte en un fondo soberano el cual está destinado para inversiones estratégicas y de importancia para el país entero. Por ejemplo, gran parte de ese recurso se ha destinado para la educación. Pues como diría el gran Cantinflas, ¡Ahí está el detalle!

México, como Venezuela también lo hizo en su momento, ha hecho un uso discrecional de estas riquezas obtenidas de sus mares y de sus tierras y, evidentemente, ha despilfarrado el recurso ya que tampoco podemos aseverar que se haya destinado exclusivamente para programas, obras o acciones que realmente hubiesen significado un cambio en el curso económico de nuestra nación durante los últimos cincuenta años. Es una realidad que muchas de las obras de infraestructura y que el financiamiento para muchos programas sociales ha provenido de los fondos producto de la exportación petrolera, pero sin duda no han sido, ni cercanamente, el detonador transformador de México y la razón por la que seamos un país desarrollado, con altos niveles productivos, con un PIB per cápita alto y con índices educativos de primer nivel, porque simplemente nada de esto ha ocurrido.

Ojalá que, con la reforma energética y con el inminente cambio de administración federal, vengan nuevos aires que presagien no solamente una bonanza económica, sino que esto redunde en una riqueza espiritual que nos guíe hacia la senda de la educación continua y de la tan anhelada y necesaria productividad intelectual y financiera.


martes, 3 de octubre de 2017

Islas de calor y agua urbana


Por José Luis Llovera Abreu

Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y las ciudades se vuelven más populosas día a día. En relación al uso, consumo y explotación del agua, se ha sostenido que la iniciativa de contrarrestar el impacto por la demanda excesiva de este líquido a través de la mitigación de fugas en las redes de agua entubada, es el primer paso hacia su cuidado y aprovechamiento. Sin duda, el segundo paso sería idear una forma de incrementar el almacenamiento de agua, sobre todo de aquella que proviene de la lluvia, por ejemplo, en contenedores subterráneos luego de ser filtrada por varias capas de la superficie de la ciudad.

Uno de los principales problemas causados por la rápida urbanización es el aumento en la temperatura de la ciudad. Este fenómeno es generalizado en todo el mundo e implica el hecho de prescindir, cada vez más, de suelos porosos y sobre los cuales haya filtración; como jardines, bosques urbanos, lagos, arroyos, áreas verdes en general, etc. Por el contrario, la rampante urbanización crea superficies impermeables mediante el uso indiscriminado del concreto y del asfalto, lo que genera las Islas de Calor Urbanas (Urban Heat Islands), elevando significativamente la temperatura promedio de las ciudades.

El especialista Donald Yow enfatiza que “las islas de calor urbanas son un ejemplo muy claro y bien documentado de una modificación antropomórfica al clima, la cual tiene un impacto atmosférico, biológico y económico”. Las Islas de Calor Urbanas han provocado que los planificadores, ingenieros y arquitectos tengan que resolver un problema que el mismo ser humano ha creado. Por lo tanto, creemos que hay mucho desconocimiento del tema y que deben ejecutarse acciones para la implementación de un diseño urbano más inteligente. Por ejemplo, la creación de más techos verdes, y ahondar en sus variantes tecnológicas, es una opción práctica para disminuir la temperatura en las ciudades. Asimismo, el hecho de incrementar la permeabilidad del suelo a nivel de calle e incrementar las áreas verdes en la ciudad son los primeros pasos para lograr un decremento en la temperatura en las áreas urbanas.

Existen estudios específicos acerca del impacto provocado por el incremento de la temperatura en las áreas urbanas y sus efectos en la salud. Una muestra es el escrito intitulado “Los efectos del entorno térmico en la salud humana: una investigación de 30 años de mortandad diaria del suroeste de Alemania.” por G. Laschewski y G. Jendritzky el cual, no obstante de que se refiere a casos alemanes, nos revela estudios epidemiológicos acerca de los impactos del entorno atmosférico en la salud y cómo estos se ligan a la contaminación del aire. También nos demuestra que la generación de calor por la ciudad y su disipación tienen que estar balanceadas, de otra forma se propiciaría en los habitantes algo llamado “estrés térmico”.

Estudios realizados por diversos especialistas demuestran que si se incrementa el área verde alrededor de un edificio de tres pisos la temperatura de su entorno disminuirá por lo menos 2 grados Celsius, lo cual representa más de un 5% de ahorro energético. De igual forma, y aún en temperaturas frías, las propiedades como aislante térmico de los techos verdes pueden minimizar la pérdida de calor de los edificios y disminuir al mismo tiempo las emisiones de gases efecto invernadero relacionados con la calefacción.

Si bien es cierto que las propuestas aquí referidas no representan soluciones fáciles e inmediatas, sí es una realidad que debemos comenzar a implementarlas y propiciar así una estrategia conjunta, entre sociedad y gobierno, para minimizar los efectos de las altas temperaturas y hallar formas de aprovechar el agua.


Reinventando las ciudades


Por José Luis Llovera Abreu

Vivimos en un mundo agobiado por los constantes cambios. Mutaciones de carácter social, económico y político en donde los vaivenes ideológicos son ya cosa del día a día. Nuestro común denominador como sociedad es la necesidad de adaptarnos a estos acontecimientos pendulares.

Desde la anticipada salida del Reino Unido de la Unión Europa, hasta la controversial elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América, y su escalofriante discurso rebosado de xenofobia que tiene al mundo en vilo perpetuo, los medios de información no cesan de ametrallarnos con sus impactantes proyectiles noticiosos mientras nosotros, los ciudadanos del mundo, sólo podemos asumir los efectos del golpeteo y seguir en este lapso camaleónico que nos ha tocado vivir.

Las ciudades, y todo lo que en ellas ocurre, no se han escapado a estos avatares contemporáneos y también juegan un papel preponderante en este continuo camuflaje social.

Una ciudad que no se adapta al cambio y que no es capaz de modernizarse, está condenada al olvido y a la muerte. Los únicos sitios concebidos para ver y tocar el tiempo en su versión inanimada, son los museos.

El congelamiento del tiempo en las ciudades es sólo una circunstancia afortunada cuando se trata de restaurar y de revivir a la ciudad, es entonces cuando, aprovechándonos del circunstancial letargo, despertamos a la piedra de ese sueño que la había acallado por un prolongado tiempo. En muchas ocasiones es una, y una única vez en efecto, la sola oportunidad que podríamos tener para sacar a una polis histórica de la anquilosis para resucitarla y favorecer su longevidad a través de diversas estrategias de restauración, conservación y preservación de su patrimonio tangible e intangible.

La Organización de las Ciudades del Patrimonio Mundial (OCPM), con su oficina central en Quebec, enlista a 280 ciudades que tienen en su territorio un sitio inscrito por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial. Se podría decir que dicho organismo agrupa a lo más granado del gremio histórico-urbano, ya que todas son ciudades que han sido plenamente reconocidas por sus extraordinarias características espaciales, formales e históricas.

Son verdaderos íconos de la historia y que, con su especial arquitectura, siguen dejando huella y calando hondo en nuestras memorias y en nuestras costumbres. La ciudad de San Francisco de Campeche forma parte de esta pléyade.

Sin embargo, son varios los problemas a los que estas fantásticas ciudades se enfrentan día a día. Digamos que viven una constante confrontación con las exigencias de la modernidad y su esfuerzo se duplica al ser estas entes edilicios con peculiaridades excepcionales. Por ejemplo, sus pobladores tienen que ser conscientes del valor intrínseco que los hace ser ciudadanos de una urbe histórica; sus gobernantes tienen que diseñar y poner en práctica políticas de gobernanza que se amolden a la medida; los urbanistas y arquitectos están obligados a crear manuales de operación y de manejo para conservar la morfología y para ayudar a mantener y a promover la habitabilidad en estos sitios; tiene que haber una estrategia conjunta entre gobernantes y gobernados para crear, conservar y propiciar el uso y el mantenimiento de los espacios públicos, tan necesitados hoy día y tan valiosos para generar comunidades y, además, erradicar la delincuencia.

Las ciudades históricas tienen una meta doblemente difícil que sus contrapartes contemporáneas, y esa es la de, en primera instancia, lograr prevalecer en el tiempo y postergar su valía a través de su adaptabilidad y maleabilidad urbana; y en segundo lugar cumplir con los cánones de habitabilidad, seguridad, conectividad y sustentabilidad que las políticas urbanas del siglo XXI demandan.

Hay mucho por hacer y mucho por pensar y crear aún. Los espacios públicos, las áreas comunes, el transporte público, las ciclovías, las sendas peatonales, las áreas verdes, el uso de energías renovables, el cuidado y reciclaje del agua, los residuos sólidos urbanos, entre otras temáticas; son, principalmente, los aspectos que toda ciudad, histórica o no, debiera cumplir hoy día para satisfacer las demandas, tanto de los pobladores de nuestro universo urbano moderno como de las políticas y lineamientos de los programas de desarrollo urbano actuales.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Sustentabilidad urbana, consumo de energía y La Nueva Agenda Urbana.

Sustentabilidad urbana.

Las ciudades se vuelven más populosas día a día. En relación al uso, consumo y explotación del agua, se ha sostenido que la iniciativa de contrarrestar el impacto por la demanda excesiva del líquido a través de la mitigación de fugas en las redes de agua entubada, es el primer paso hacia su cuidado y aprovechamiento. Sin duda, el segundo paso sería idear una forma de incrementar el almacenamiento de agua, sobre todo de aquella que proviene de la lluvia, en contenedores subterráneos luego de ser filtrada por varias capas de la superficie de la ciudad.

Uno de los principales problemas causados por la rápida urbanización es el aumento en la temperatura de la ciudad. Este fenómeno es generalizado en todo el mundo e implica el hecho de prescindir, cada vez más, de suelos porosos y sobre los cuales haya filtración, como jardines, bosques urbanos, lagos, arroyos, áreas verdes en general, etc. Por el contrario, la urbanización rampante crea superficies impermeables mediante el uso indiscriminado del concreto y del asfalto lo que genera las Islas de Calor Urbanas (Urban Heat Islands), lo que eleva significativamente la temperatura promedio de las ciudades.

El especialista Donald Yow enfatiza que “las islas de calor urbanas son un ejemplo muy claro y bien documentado de una modificación antropomórfica al clima, la cual tiene un impacto atmosférico, biológico y económico”. Las Islas de Calor Urbanas han provocado que los planificadores, ingenieros y arquitectos tengan que resolver un problema que el mismo ser humano ha creado. Por lo tanto, creemos que hay mucho desconocimiento del tema y que deben ejecutarse acciones para la implementación de un diseño urbano más inteligente. Por ejemplo, la creación de más techos verdes, y ahondar en sus variantes tecnológicas, es una opción práctica para disminuir la temperatura en las ciudades. Asimismo, el hecho de incrementar la permeabilidad del suelo a nivel de calle e incrementar las áreas verdes en la ciudad son los primeros pasos para lograr un decremento en la temperatura en las áreas urbanas.

Existen estudios específicos acerca del impacto provocado por el incremento de la temperatura en las áreas urbanas y sus efectos en la salud. Una muestra es el escrito intitulado “Los efectos del entorno térmico en la salud humana: una investigación de 30 años de mortandad diaria del suroeste de Alemania.” por G. Laschewski y G. Jendritzky el cual, no obstante habla sobre casos alemanes, nos revela estudios epidemiológicos acerca de los impactos del entorno atmosférico en la salud y cómo estos se ligan a la contaminación del aire. También nos demuestra que la generación de calor por la ciudad y su disipación tiene que estar balanceadas, de otra forma se propiciaría en los habitantes algo llamado “estrés térmico”.

Estudios realizados por especialistas* demuestran que si se incrementa el área verde alrededor de un edificio de tres pisos la temperatura de su entorno disminuirá por lo menos 2 grados Celsius, lo cual representa más de un 5% de ahorro energético. De igual forma, y aún en temperaturas frías, las propiedades como aislante térmico de los techos verdes pueden minimizar la pérdida de calor de los edificios y disminuir al mismo tiempo las emisiones de gases efecto invernadero relacionados con la calefacción.*Wong, Nyuk Hien, Steve Kardinal Jusuf, Nedyomukti Imam Syafii, Yixing Chen, Norwin Hajadi, Haripriya Sathyanarayanan, and Yamini Vidya Manickavasagam. 2011. “Evaluation of the impact of the surrounding urban morphology on building energy consumption.” Solar Energy 85(1):57-71.

Consumo de energía.

El consumo de energía y los nuevos sistemas energéticos acaparan cada vez más la atención de las autoridades, tomadores de decisiones, constructores y planificadores urbanos. La huella ecológica de una ciudad y su impacto al entorno inmediato ya no es solamente un asunto ambientalista sino algo que también le concierne a la ciudad, debido a que la producción de energía nunca ha sido considerada una “acción verde” o en beneficio del entorno natural.

Aumand Phdungsilp e Ivo Martinac, del KTH Royal Institute of Technology (Estocolmo), aseguran que “el sector de la construcción consume grandes cantidades de fuentes de energía, al mismo tiempo que genera mucha basura y contaminación.” Debido a que los edificios son concebidos para tener una vida útil prolongada, su impacto en el entorno natural es largo y duradero. Sin duda el sector de la construcción tiene mucho potencial para crear medidas que reduzcan las emisiones de gases efecto invernadero por lo que hoy día hay mucho interés de su parte en términos de utilización de energía y medidas de mitigación al cambio climático.

Según los especialistas Phdungsilp y Martinac se cuentan con estudios que demuestran que las viviendas, las casas de campo y los desarrollos comerciales representan casi el 90% de la energía utilizada en el sector de la construcción. Asimismo, aseguran que casi el 60% de la energía proviene de la calefacción y del consumo de agua caliente. El resto de la electricidad se divide entre la que se requiere para la operación y para los servicios domésticos. Es una realidad que el sector de la construcción juega un papel muy importante al referirnos a los temas de sustentabilidad ambiental.
Los arquitectos e ingenieros deben ser muy conscientes al momento de diseñar y construir un edificio, ya que no solo se deben centrar en el edificio en sí sino en su entorno inmediato, y en cómo el proceso de construcción y el edificio interactúa con sus alrededores siendo auto-suficiente. Una de las formas de que estas construcciones pudiesen aportar algo al medio ambiente es a través de mecanismos propios de reciclaje de agua y de captación de agua de la lluvia y de la propia humedad del ambiente. Esta agua podría entonces aprovecharse para el uso y consumo no sólo de los usuarios del edificio sino de una parte de la comunidad.

Estas acciones representan grandes principios y preceptos de la sustentabilidad urbana.


La Nueva Agenda Urbana de ONU HÁBITAT.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha dado un paso crucial hacia la obtención de una sola estrategia general para delinear el desarrollo urbano sustentable. La preparación en torno a la Conferencia Mundial Habitat III, a realizarse en octubre de 2016 en Quito, Ecuador; sin duda marcará un parteaguas en el discurso urbano mundial.
La Nueva Agenda Urbana, misma que se debatirá en la citada Conferencia, aportará datos reveladores acerca de quiénes son los protagonistas para el debate de las nuevas políticas urbanas. También se discutirá acerca de cambios normativos en la materia y de cómo las prácticas a favor del medio ambiente inciden en el desarrollo urbano actual.

“La Conferencia es una oportunidad única para repensar la Nueva Agenda Urbana sobre la cual los gobiernos pueden responder mediante la promoción de un nuevo modelo de desarrollo urbano que sea capaz de integrar todas las facetas del desarrollo sustentable para promover la equidad, bienestar y la prosperidad compartida.”
Dr. Joan Clos, Secretario General de la Conferencia Habitat III.
 
Nuestro mundo urbano actual vive una constante paradoja. La rápida urbanización ha sido un gran factor para el desarrollo. Las ciudades significan los mayores polos generadores de riqueza, sin embargo la mayor parte de la pobreza también existe en las ciudades. En la próxima Conferencia de Habitat III los gobiernos deberán promover un nuevo modelo de urbanismo, y que este sea sustentable. Esta estrategia, que abandera la Conferencia, es ya conocida como La Nueva Agenda Urbana y pretende encontrar la forma de hacer sustentable el crecimiento urbano, toda vez que la urbanización se ha convertido en una fuente productiva y en una fuerza con el poder de mover la economía y de mejorar las vidas de los habitantes de la urbe. La Agenda reunirá a los países miembro, organizaciones multilaterales, gobiernos locales, sector privado y sociedad civil para inventar soluciones para el complejo desafío de la urbanización alrededor del mundo.*
*https://www.habitat3.org/


Algunos de los aspectos torales que se abordarán durante el planteamiento de La Nueva Agenda Urbana son:


  • Consideraciones de urbanización para todos los niveles de asentamientos humanos
  • Considerar a la urbanización como un todo y tomando en cuenta los espacios físicos, áreas urbanas, interurbanas y periurbanas; así como áreas rurales
  • Asesorar a los gobiernos para la creación de marcos legales para sus políticas de desarrollo.

martes, 3 de abril de 2012

CRECIMIENTO URBANO INCANSABLE

El crecimiento de nuestras manchas urbanas ha sido en base a la imprevisibilidad de un desarrollo territorial con plena congruencia entre las políticas públicas locales, las planeación urbana y, lo más importante quizás, EL SENTIR DE LA SOCIEDAD.
En México, aun nos falta mucho por aprender de otros casos exitosos en el mundo. Por ejemplo, la ciudad de Londres está contenida por su “green belt”, o “cinturón verde”, lo que impide que la ciudad se “derrame” hacia otras partes; definiendo mediante una barrera física distinguible e intocable, los límites de crecimiento de la ciudad.
Respecto al importante tema de la densidad en nuestras ciudades, creo que no debemos confundir densificación con verticalización masiva de edificios. Por ejemplo, si analizamos los entramados urbanos de la Ciudad de México y de Sao Paulo, notaremos más o menos que son muy parecidos; sin embargo Sao Paulo, y con todo y sus altos edificios que prevalecen en su contorno urbano, es menos densa que la Ciudad de México. Esto demuestra que los edificios altos no siempre representarán una densidad mayor, sobre todo cuando están rodeados de grandes superficies de suelo sin utilizar.
Otro punto toral de nuestro análisis incansable de las ciudades es el tema del transporte. No podemos seguir imitando el modelo de expansión urbana estadounidense. El automóvil no debe representar el medio de transporte por antonomasia en las ciudades, sino es el transporte público y los vehículos no motorizados aquellos que debieran representar la nueva tendencia de la movilización urbana. Dice el profesor de economía de la Universidad de Harvard y autor del libro “El triunfo de las ciudades” el economista Edward Glaeser, y cito textual: “Tanta conducción consume mucha gasolina. En la India y China el proceso de urbanización es imparable, y eso es bueno: la pobreza rural no tiene futuro. Sin embargo, sería mucho mejor para el planeta que la población urbanizada viviera en ciudades densas construidas en torno al ascensor que en áreas en expansión descontrolada construidas en torno al automóvil.”
Si analizamos los principales medios de transporte en tres zonas metropolitanas del mundo como son: Ciudad de México, Nueva York y Londres, notaremos que, sorpresivamente, en las tres prevalecen los medios públicos de transporte como los más importantes para moverse en esas ciudades y es el automóvil particular el que representa los porcentajes menores (arriba de un 30% en Nueva York y Londres; y un 20% en la Ciudad de México) Por lo tanto, es una MINORÍA aquella que utiliza el vehículo particular y es la MAYORÍA de la población quien necesita más y mejores medios de transporte público en las ciudades del mundo.
En general, creemos que las ciudades serán exitosas si estas son agradables para la gente que las habita, y eso significa más espacios públicos, más oportunidades de trabajo, más seguridad, más escuelas, más comercio, más vivienda, más hospitales y más transporte público. Se trata de generar VIDA en las ciudades, se trata de diseñar y de echar a andar toda una gran maquinaria que trabaje a la perfección para darle mejor VIDA a la gente que habita las ciudades.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

10 meses ha.

 
Hace diez meses que adolezco indefectiblemente de la presencia física de mi padre. Hace treinta y nueve años que su espíritu subyace en mí y se trinca en mi mente afanoso y recurrente.
Mi papá sigue siendo el pilar que sostiene mis ímpetus, mis fuerzas, mis ánimos y mis deseos, sigue siendo el hombre a quien más he querido en la vida y lo seguirá siendo hasta que mi hijo deje de ser un niño y perpetúe nuestras enseñanzas.

¿Cómo hacer que de mi pluma emanen palabras halagüeñas?, ¿Cómo sugerir perspectivas trazadas con emoción y júbilo si carecemos de la musa inspiradora para hacerlas? Sólo nos motiva y nos reconforta el poder contar siempre con el carbón del recuerdo en la punta del lápiz, ese que atisba siempre el rasgo correcto para plasmar con trazos perfectos la límpida figura de la silueta de mi padre.

Extraño el abrazo de sus palabras y el cariño de su mirada, extraño el abrazo reparador y la palmada en la espalda, dadora de fuerzas y de asertiva compañía. Es cierto que el hijo no emana de las entrañas del padre, pero también es cierto que el amor que profesamos por él emana de nuestras entrañas mismas.

Mi papá rozaba con excelsitud los linderos de la genialidad. Había en su voz el cántico divino de la sapiencia, de la bondad y de la seguridad transformada en verbo. El cariz de sus consejos eclipsaba a cualquier erudito y su mirada bonachona era el bálsamo que me reconfortaba y me hacía mirar al cielo con los brazos en cruz y con el corazón trepidante. Mi papá era el roble en un bosque infestado de enclenques matorrales.
Algún día reanudaremos charlas inacabables y tertulias memorables, algún día nos abrazaremos en algún lugar en presencia de seres inexplicables y de vistas panorámicas incomprensibles; algún día velaremos juntos por las vidas de los hijos de nuestros hijos, algún día.

sábado, 20 de agosto de 2011

Re configuración necesaria.



En estos días nos hemos consternado con una retahíla de funestos acontecimientos en diversas partes del mundo. Como mexicanos, desafortunadamente nos despertamos con el ríspido sonido de la radio y con las invisibles noticias en los periódicos anunciándonos crímenes a tutiplén y desaparecidos a diestra y siniestra, y todo lo digerimos lenta y dolorosamente con los rasposos alcoholes de la encarnizada batalla social entre los diversos grupos políticos del país.

Es increíble este mundo surrealista nuestro, México no es la excepción en lo que a disturbios sociales se refiere. Desde el magnicidio en Noruega hasta los disturbios en las calles de Londres, ¿qué nos pasa como sociedad?, ¿en qué hemos fallado como habitantes de las ciudades? Las respuestas han de ser muchas y con una tupida auto recriminación que no escapa de la aburrida redundancia.

Pero prefiero enfocarme a la visión territorial de la problemática. Hay algo que sin duda disgusta a la población, hay algo que irremediablemente ha permeado maléficamente en el sentimiento de las personas, hay algo que subleva los ánimos de muchos habitantes de las ciudades y que conlleva a una rebelión contra todo y contra todos. Pero, ¿qué es éste mundial enemigo?, ¿cómo identificarlo, atacarlo y vencerlo?.... Se parte de un punto de vista conceptual cuando aludimos todas estas inhumanas conductas a un espontáneo y temporal  brote malvado de violencia asociado a una explicable y remediable incomodidad e insurrección con el espacio que se habita, con el espacio que, es a la vez, continente y contenido y en el cual vivimos y deambulamos como seres vivos a diario; me refiero al gran contenedor, a nuestro gran habitáculo, a la ciudad.

Pero quizás el problema subyace en la errónea concepción del mismo, es decir, vivimos en él pero no vivimos por él; somos una extraña especie de seres humanos a quienes nos cuesta ser humanos. He ahí el problema.  Dice el arquitecto Ernesto Velasco León que “la civilización es la cultura hecha ciudad”, creo que tiene razón. Es precisamente esta incultura lo que ha propiciado que hayamos transgredido las normas y las formas de vivir y convivir en las ciudades y es por ello que nos hemos convertido en seres incivilizados. Qué triste reconocer que, cual brotes esporádicos pero mortales de viruela negra, este mundo se vaya plagando de pestes, mientras se aniquila poco a poco y lentamente el espíritu más legítimo y genuino de la humanidad que debería ser el ser humano con los seres humanos, con nuestros prójimos y con todo lo que respire y habite sobre la faz de la tierra.

Creo que la solución, o al menos una gran parte de esta, está en la correcta administración del territorio, en el cuidado del ambiente físico, funcional y espacial de nuestras urbes y de nuestros hogares. Si vivimos felices y no sobrevivimos mediocremente nos comportaremos mejor como seres humanos y lograremos un ambiente más cordial y más habitable. Dice el ex presidente municipal de Bogotá, Enrique Peñalosa, que “una buena ciudad es en donde la gente quiere estar afuera de sus casas”, tiene razón y es una forma práctica de abordar con pragmatismo la problemática de la conducta del habitante. Es responsabilidad de todos, y sobre todo de los gobernantes y tomadores de decisiones, el planear y diseñar nuestros espacios, nuestras calles, nuestros parques, nuestros edificios y nuestras viviendas enfocados hacia la generación de comunidades y no sólo a la conformación de áreas delimitadas por barreras físicas en donde simplemente viven personas y familias.

La responsabilidad es de todos, cambiemos y reconfiguremos nuestras ciudades.

lunes, 8 de agosto de 2011

Sursum corda

 
 
Sursum corda
 
Por José Luis Llovera Baranda.
Cuando las palabras se unan en la corriente vertical del tiempo sin frontera.
 
Cuando las gargantas den paso al eco milagroso del ideal.
 
Cuando aprendamos la lección del beso huérfano, que acaricia frentes, que espiritualizan labios con sabor a redondez.
 
Cuando el hombre pueda serlo, no merced a su silueta, esa silueta que determina su geografía en trance de noticia, que trasciende a conato de sabor a humanidad.
 
Cuando estemos conscientes de lo que más importa, y podamos destruir los horizontes de oro que parecen magníficos, pintando los sentidos de amarillo corrosivo, negando sacrificios y negando cruces.
 
Cuando esto suceda, las risas de los niños serán más anchas y más largas; escalarán los años, cabalgarán en el lomo del tiempo por senderos hasta hoy desconocidos, y sin ser precisamente ingenuas se confundirán en las aguas vírgenes del abrazo sincero y los augurios diáfonos.
 
Que la palabra cambie de rumbo y de ropaje, que enfile su proa y que la clave en la carne viva de la acción, y que ahí se petrifique, y esa pasividad sea monumento egregio que motive una justificación plena de esa calidad que nos hemos atribuido nosotros mismos de seres humanos, y podamos desterrar del campo de la utopía a la nívea paloma de accidentados vuelos, para que cobre al fin altura, y su trinar bendito sea lazo firme que uniforme a todas las lenguas y a todas las razas, en el vértice común del más puro amor.

martes, 2 de agosto de 2011

Recordando a Iván.

 
 
Hay personas que son tristemente célebres, hay personajes célebres a quienes recordamos tristemente por su circunstancial partida de este mundo. Hoy, recordamos a Juan Camilo Mouriño, a nuestro Iván, al amigo y hermano con quien compartimos memorables tertulias y pláticas inacabables siempre pringadas de aquella chispa suya que inundaba de color el espacio y llenaba de risas la charla, emblema propio de su genuina picardía.
 
Así es, esos momentos yacerán por siempre irrepetibles, eso es innegable. Inefable será siempre para quienes lo quisimos entrañablemente su temprana desaparición, como imborrable será siempre de nuestras memorias su imagen indeleble en nuestro pensamiento. Gente como Iván tuvieron la gracia de cautivarnos y de saberse siempre presentes en nosotros, en nuestro diario devenir, en nuestro cotidiano pensar.
 
Carismático amigo fue siempre Iván, capaz de arrancarnos la sonrisa tanto en la informal sobremesa como en la sesuda disertación de algún tema importante; tenía esa rara habilidad de insuflarnos de optimismo y de captar su atención y transmitirnos sus preocupaciones o inquietudes, siempre en busca de la solución y siempre confiado en alcanzarla. Era el negociador nato, el político que hacía política sin politizar, sin polemizar en exceso, sin que en el proceso hubieran daños colaterales infames o desaguisados inútiles; era parte de una nueva raza de profesionales que veían a México a través del cristal de la esperanza.
 
Lo extrañaremos siempre, de eso no queda duda; lo recordaremos siempre, estamos seguros de ello; y aplicaremos siempre su pragmatismo y su objetividad, así sea en la casa o en el trabajo, eso y más nos legó Juan Camilo, eso y más le debemos a nuestro entrañable Iván.

miércoles, 29 de junio de 2011

El mar tiene lenguaje.

El mar tiene lenguaje.

Por José Luis Llovera Baranda.
Desde hace muchos años vivimos en el risueño pueblo de Lerma, por cierto nada avaro en cuanto a obsequiar bellezas naturales.

Siempre el paisaje marinero ha llamado poderosamente nuestra atención, el mar ofrece un paisaje milagroso, siempre diferente, con algo nuevo que ofrecernos. Y ese mar con el cual jugamos y nos confundimos cotidianamente, a diario cambia, el mar de hoy, no es el de ayer y será diferente mañana, pero esa reiterada metamorfosis, se lleva a cabo bajo los auspicios de la más cara belleza.

El mar tiene lenguaje, limitado en cuanto a forma, pero amplio y generoso en lo que hace a fondo. Su tono cambia a merced del tiempo, sus palabras salitrosas son las mismas, pero lo nuevo está engastado en lo viejo, es el espíritu de esas peculiares palabras lo que varía segundo a segundo.

Una aparente monótona oración la de sus olas, un canto de amor romance, de esperanza verde, como el color mismo de las húmedas gargantas pobladas de gracia, por donde escapan los tonos milagreros de esas náuticas plegarias.

El mar siempre novedoso, aunque pudiera pensarse lo contrario, ofrece un espectáculo que trasciende a milagro, y su referido lenguaje puede ser aprendido, algo quizás parecido a lo que sucede con cualquier otro idioma, y para lograrlo se necesita también dedicación y estudio. Se tendrá que estudiar en el libro del tiempo con sus hojas de años y sus palabras de horas, pero lo más importante será, lo que no sucede con ningún otro lenguaje, la necesidad imperiosa para su cabal entendimiento; la comprensión, ya no digamos de lo subjetivo, sino algo que va más allá de lo abstracto y que sin embargo existe, porque existe la imaginación y el pensamiento.

Pobres de los pobres espíritus que transitan estos terrenales lares, sin pena ni gloria, pobres de aquellos, que aferrados a sus estériles costumbrismos enjuician los incesantes cambios que por razones de época y de natural evolución se suscitan en nuestro mundo. Campeche, Cam., 1971.

viernes, 24 de junio de 2011

Nostalgia

Alguien dijo alguna vez que no siempre los tiempos pasados fueron mejores. Muchos están de acuerdo, otros difieren. Lo cierto es que nos gusta sentirnos atados a aquel sentimiento nostálgico que nos inunda de recuerdos y nos nutre con la visión de tiempos pretéritos. Es aquella melancolía la que nos mantiene vivos, siempre deseosos y esperanzados por volver a vivir esas experiencias inolvidables, esos momentos felices que tanto gozamos.
Somos pocos quienes realmente recreamos en nuestras mentes los túmulos de recuerdos preocupándonos por no poder vivirlos de nuevo. Es un sentimiento encontrado, un conflicto constante que genera pesadumbre disfrazada de felicidad, una extraña sensación que provoca nos mostremos incapaces de discernirnos nostálgicos o alegres por tejer memorias. Si, es una sensación muy particular. Somos pocos quienes la experimentamos y en ocasiones nos agobia el exceso de remembranzas, el enorme caudal de vivencias que cubre y se apodera de nuestras mentes provocando una súbita y fugaz recreación de lo ya vivido. Es como si en un instante nos situáramos justo en aquel hermoso momento que tanto añoramos, es como si todo se conjugara perfecto y unimismáramos cuerpo y memoria, oliendo, escuchando y observando aquello inmemorial ocasión.
Si  recurriéramos a las raíces etimológicas de la palabra “nostalgia”, nos daríamos cuenta de tan elocuente significado. Nostos en griego signfica “regreso” y algos “sufrimiento”; nostalgia se refiere al martirio provocado por las evocaciones y las vivencias pasadas, en síntesis, es la tristeza ocasionada por el destierro, o como definiría el connotado escritor checo Milán Kundera en su libro “La ignorancia”, la nostalgia es “la morriña del terruño… morriña del hogar”.
Es difícil describir con palabras el intempestivo torrente de pensamientos que se arremolinan vertiginosamente en nuestras mentes, es casi imposible explicar el porqué de ese alusivo oleaje. Existen muchas facetas del comportamiento humano que aún se mantienen inexplicables. Pero lo que sí sabemos, es que todos esos recuerdos son un regalo hermoso, un don magnífico y una cualidad distintiva de nuestra especie.
No siempre los tiempos pasados fueron mejores, pero dichosos aquellos que mantienen vivas las experiencias transcurridas y siempre presentes las gratas recordaciones. J.L.Ll.A. Campeche, Cam., 2001

lunes, 23 de mayo de 2011

Escribir también es trabajo.

Por José Luis Llovera Baranda.

Para la cabal realización de cualquier tarea del espíritu es menester contar con motivaciones. Estas las encontramos a menudo en la gente que desarrolla trabajos similares a los de uno. Así, el escritor que empieza encontrará de incalculable valor una plática con algún otro escritor de mayor experiencia que él. Los consejos, sugerencias, etc., aunados al cariño con que se oiga hablar de las tareas artísticas, constituirán inmejorables inyecciones de vida para proseguir en la ruta del arte.

En alguna ocasión asentamos, y hoy lo repetimos, que, por ejemplo, para poder escribir se necesitan no tan solo cualidades innatas, ni tan sólo cultura en general, se necesita también ser un verdadero apóstol de las letras. La literatura  no produce mucho en el aspecto económico, pues estas y el dinero están casi en completo divorcio.

Pero la cosa no queda ahí. La persona -hombre o mujer- que escriben y aceptan el reto de la precaria situación pecuniaria en aras de cumplir con su vocación, abrazando el oficio de escritor con gran amor y entrega, recibe las más de las veces críticas y más críticas las cuales sería prolijo ennumerar, pues son abundantes los calificativos vertidos a los que se atreven empuñar una pluma y publicar sus obras.

Dentro de ese cuadro de críticas nos limitaremos a señalar una, solamente una: el común de la gente tiene la firme convicción de que escribir no es trabajar. Esto es, que si algún escritor es interrogado sobre el trabajo que desarrolla y él contesta que escribe, la pregunta obligada es: "Sí, sé que escribes, ¿pero en qué trabajas?". Entonces, escribir no es trabajo.

La actividad literaria es tomada como algo así como un pasatiempo de los bohemios, flojos, desordenados, etc. Claro que los que así opinan son personas que obviamente no manejan con mucha fluidez el alfabeto. Pero la opinión que comentamos está bastante generalizada. En resumen escribir no es trabajar: romper piedras, sí...

Además de todo esto vienen las envidias, los odios que, aumentan cuando se consigue ciertos lauros eminentemente espirituales, insistimos de nueva cuenta, puesto que el dinero ocupa un papel secundario en la vida del artista. Y no es que lo rechace pues también tiene qué comer y su familia también.

Tan que no es considerado como un verdadero trabajo el de escribir que son innumerables las ocasiones en que los que más o menos escriben o tienen facilidad para ello son constantemente objeto de encargos: cartas, prólogos, revisiones de trabajos y "chambas" relacionadas con todo lo que sea escribir. Pero jamás los que piden este tipo de favores tienen en mente compensar económicamente al amigo, conocido, o simple voluntario forzoso por la sencilla razón de que se piensa que aquello no es trabajo sino pasatiempo única y exclusívamente.

Todo lo apuntado en estas líneas obedece, ni más ni menos, a la falta de cultura existente, en virtud de la incapacidad de poder valorar este tipo de trabajo en toda su extensión, por cierto muy dilatada e importante.

En fin, a lo mejor algún día se llegará a la conclusión de que escribir es, efectívamente trabajo. Campeche, Campeche.

viernes, 6 de mayo de 2011

La poesía está de luto. Pellicer ha muerto.

El "DIARIO" nos trajo la noticia de la muerte de uno de los más grandes poetas mexicanos contemporáneos: Carlos Pellicer.

Hemos perdido a uno de los más grandes valores de la poesía.

El bardo tabasqueño que supo aprisionar en su pluma, color, aroma y sentimiento y que voló seguro por los infinitos espacios de la poesía, magistralmente nos deja quizá porque sus cantos deban ser disparados desde tribunas más altas.

"Vamos a tu poesía del brazo de una noche totalmente encendida. Allí se pinta el día con los colores minerales con que una flecha espiritual da en el blanco de lo más bello, un poco triste, ardiendo. Es un cielo terrestre florecido sin el cuidado de ninguna mano. Eso fue consecuencia de la lluvia que llega obscura y se deshace en luz. Salgo de tus poemas pensando que en las flores está el canto". Hermoso fragmento del poema de Pellicer titulado "Noticias sobre Netzahualcóyotl y algunos sentimientos".

Y es que este magnífico poeta supo clavar siempre en las entrañas del hombre y de la tierra su palabra encendida hecha música, alarido, trueno, señal, noticia de las ideas hechas luz que tantas y tantas veces inauguraron el día y bendijeron la noche.

Pluma fresca que hoy descansa en la divina quietud a la que tantas veces cantara. Sin embargo nos deja en este mundo tangible a veces exageradamente tal, una catarata inmortal de belleza: exquisito monumento.

Con Carlos Pellicer hablamos por teléfono unas diez o doce veces; siempre nos insistió en su cariño por Campeche diciéndonos que había sido en esta amurallada ciudad en donde había aprendido a escribir poesía y fue hasta hace poco en Mérida donde tuvimos oportunidad de estrechar su mano y disfrutar su charla desgraciadamente no muy larga. Nos entusiasmó hablar en aquella ocasión de un extraordinario amigo común; de un estupendo poeta tabasqueño desaparecido también, José Carlos Becerra, por quien ambos sentíamos una profunda admiración. Y fue la imagen y el recuerdo de José Carlos Becerra lo que esa noche unió con más firmeza nuestra plática.

Tabasco, México y el mundo han perdido a un artista, a un intelectual magnífico.

Un adiós triste al poeta que nos dijo: "Vivo en doradas márgenes: ignoro el central gozo de las cosas. Desdoblo siglos de oro en mi ser. Y acelerando rachas-quillas o alas de oro- repongo el dulce tiempo  que nunca he de tener".

Pellicer ha muerto, la poesía está de luego.

Campeche, Cam., Febrero de 1977.

miércoles, 27 de abril de 2011

Virtudes mágicas.

ACTUACIÓN.- Bien conocida es la actuación de las personas que acompañan a los señores políticos, en el sentido de prodigarles toda clase de halagos desmedidos.

MAGIA.- Como por arte de magia el "elegido", apenas "llega"; es convertido en gran orador, luchador incansable, benefactor, héroe, filántropo y hasta artista por las inflamadas palabras de "aliento" de los integrantes de su corte revolucionaria.

CHISTOSO.- Lo chistoso del caso, es que cuando los primeros calificativos hacen blanco en las mentes de los "meros, meros", éstos no les dan mucho crédito, toman aquello con ciertas reservas.

INSISTENCIA.- Pero la insistencia, la repetición sistemática de los halagos es tal, que las reservas con que fueron tomados en principio dichos halagos, se dejan a un lado, para empezar a pensar seriamente que en realidad se es merecedor de eso y aún ¿por qué no? de otras muchas cosas más...

CIMA.- Así pues, cuando llegan a la cima, su elocuencia de oradores no puede ponerse en tela de juicio, sus tareas en pro del pueblo son inigualables, su entrega es incomparable, su inteligencia fuera de lo común y hasta su fuerza física resulta increíble.

DECLIVE.- Pero toda vez que dejan el poder, con la misma facilidad con que llegaron a tener todas esas virtudes, de la misma forma se ven despojados de ellas.

CONSEJO.- Cuando alguien supo que un amigo suyo llegaría a ocupar un puesto de "elección popular", se acercó a él, y le dijo: "Aprovecha, serás inteligente seis años".-

José Luis Llovera Baranda. Campeche, Cam., Noviembre de 1977.

martes, 26 de abril de 2011

El recinto amurallado (entrevista al Arq. Carlos Flores Marini)

Releíamos ayer una entrevista que le hicimos al arquitecto Carlos Flores Marini, director de Monumentos Artísticos del INBA, en el pasado mes de marzo, y por lo significativo de uno de los temas que abordó quisiéramos hacer un comentario al respecto en virtud del interés que le vemos, ya que se refiere a la vida en los lugares que, como Campeche, tiene un recinto amurallado.

Pues bien, el arquitecto Flores nos decía que, al hablar de las ciudades amuralladas, había podido observar en varias de ellas un curioso fenómeno (que nosotros dividiremos en tres etapas, para que los lectores tengan una idea más precisa del asunto).

Primera: que en el recinto amurallado originalmente vivieran personas acomodadas que representaban la clase alta de la sociedad, pues este lugar era reservado para ellas. Así pues, vivir intramuros significaba distinción, solidez económica, etc.

Segunda: se caracteriza por todo lo contrario a lo anterior. Esto es que si en principio vivir en el recinto amurallado significaba elegancia o nobleza, en esta segunda fase representa pobreza por lo que las personas pudientes salen rápidamente de ahí y construyen sus casas en las afueras de la ciudad preferentemente, lo cual ocasiona la ampliación de la urbe entre otras cosas. Antes de seguir adelante quisiéramos recalcar que en Campeche actualmente se vive esta segunda etapa.

Tercera: El recinto amurallado vuelve como en los viejos tiempos a ser el lugar donde vive la gente rica, y esto se debe a la idea de muchos de tener una casa que otros no pueden tener, pues si todos están económicamente en condiciones de construirse una residencia no todos con la misma facilidad pueden adquirir una antigua casa enclavada intramuros, por diversas razones, fundamentalmente del orden sentimental.

Pensamos que la última etapa no la verán quizá ni nuestros nietos, pero parece lógico lo que Flores Marini expone, debido a que llega el momento en que se desea tener algo que otro no tenga, para demostrar a la sociedad en que se vive determinado tipo de circunstancias valederas para ser tomadas en cuenta, aunque sea por razones de índole material exclusívamente.

Nos parecen muy interesantes las observaciones del director de Monumentos Artísticos del INBA, sobre todo que lo que él afirma está respaldado por la experiencia, puesto que ha sucedido en otras partes con las características campechanas en cuanto a la existencia, de una ciudad amurallada, y el universal ingrediente de la vanidad humana.

El paso de los años será el encargado de decir a las futuras generaciones en Campeche, si el comentado fenómeno se presenta en nuestra tierra, pero por si las dudas para los que todo cifran en sus casas posición social, personalidad, etc.- sería conveniente que fueran adquiriendo otras en el recinto amurallado para que sus descendientes puedan seguir sin tropiezos, las líneas torcidas o rectas de bonanza económica que hoy esgrimen a manera de "ábrete-sésamo" en las esferas sociales.

José Luis Llovera Baranda.- Campeche, Cam., 20 de mayo de 1977.

lunes, 18 de abril de 2011

Urbanismo automotriz

¿Por qué asumimos que el urbanismo automotriz es insustentable?... pues porque quizás lo sea. Al menos hasta ahora, hasta hoy, la aplanadora económica llamada Estados Unidos de Norteamérica, ha vertido todas sus iniciativas sobre la premisa del diseño urbano a través del vehículo particular, fortaleciendo su economía ligándola al progreso de esta industria. Hoy día, y en un futuro inmediato, al menos eso creo, la historia se escribe con otro cariz.

Estados Unidos ha sentido el golpe duro e implacable de la recesión económica mundial. Ya casi nadie, ni siquiera los estadounidenses con su colosal poder adquisitivo han podido sostener el ritmo que este lujosísimo capricho de vida ha demandado por muchos años ya.

Como suele suceder, México ha sufrido las funestas consecuencias de haber copiado este modelo. Y digo que es común asumir el golpe de esta práctica, ya que somos los países en vías de desarrollo quienes, con el ánimo de seguir el galopante ritmo del progreso y la modernidad, no nos percatamos de la aplastante brecha de tiempo que separa a estas naciones.

Mejor no adoptemos experiencias ajenas a nuestra idiosincrasia y a nuestra cultura, mejor adaptémoslas a nuestra forma de vivir y a nuestra economía. Miremos a Europa y a sus paradigmas urbanos que, tal vez, sean más aplicables y adaptables a nuestro territorio y a nuestra civilidad.

Casi siempre pretendemos seguir a la par de los países desarrollados, cuando nosotros vivimos un desarrollo incompleto y siempre apresurado por la premura natural de sabernos siempre rezagados.

Interpretemos nuestros rezagos como una consecuencia resoluble, no como una eterna e inacabable forma de vida.

José Luis Llovera Abreu.

domingo, 10 de abril de 2011

A Lerma. Un melancólico adiós.



Por razones de índole personal, nos hemos visto en la imperiosa necesidad de abandonar nuestro siempre hermoso pueblo de Lerma. Le hemos dado un melancólico adiós, cuajado de tristeza y de nostalgia; un adiós difícil, pues no resulta nada fácil desprenderse de algo que a través del tiempo se ha identificado tanto con uno mismo.

Echaremos de menos las horizontales oraciones de ese mar lermero, que vive bajo los auspicios de la más elevada belleza natural.

Posiblemente pase tiempo antes de que volvamos a dialogar con pescadores amigos, con hombres de manos encallecidas y tez morena, cuyo oficio es jugar con la muerte; escribiendo versos de espuma con las quillas milagrosas de sus frágiles “cayucos”.

Recordaremos siempre a los personajes característicos de ese risueño lugar; tendremos presente a nuestro desaparecido amigo Marcelo Gutiérrez González, un viejo agricultor que al correr del tiempo trocó los útiles de labranza por el comercio, y cuyas transacciones comerciales bien podrían ser regios argumentos de muchos cuentos. Durante mucho tiempo disfrutamos de la plática ingenua y graciosa de Marcelo, quien fue apodado “el licenciado” por los vecinos del lugar, pues se constituía en consejero legal de todos los que a él acudían. Cabe anotar que nuestro citado amigo no sabía leer, y por tanto sus conocimientos no podían ser muchos, pero suplía su incultura con una clara viveza. En esto consistía precisamente lo característico en él. “Por lo mucho que he leído a pesar de no saber leer” decía, y después explicaba: “Todo lo he leído en el libro de la vida”.

Cosas como éstas acuden y acudirán a nuestra mente, y si algún día nos decidiéramos a escribir, tendríamos mucho material tan sólo con recordar a los personajes típicos de ese pueblo, que por cierto tendrán siempre en nosotros un lugar de respeto, afecto y sincera consideración.

Asimismo, tendremos siempre una especial estima a los amigos de la infancia, gran número de ellos profesionales hoy, que lograron llegar a obtener sus títulos, después de sortear innumerables problemas, sobre todo de índole económica. Nos sentimos plenamente orgullosos de esas amistades y es imposible dejar de sentir una gran admiración hacia ellos, pues los vimos levantarse de una cuna humilde, hasta llegar a ser lo que hoy son; profesionales que con su esfuerzo plasman un hermoso ejemplo para aquéllos que, estando acomodados económicamente, prefieren vagar que hacer algo de provecho.

Así pues, guardaremos celosamente el recuerdo indeleble de esos días azules, de esos días de Lerma, bajo cuyo cielo y frente a sus puestas de sol fuimos felices espectadores, rendidos admiradores de esa policromía celeste, que en forma tan generosa nos era obsequiada cotidianamente. Un suspiro eterno por aquellos días.

Ojalá que al correr del tiempo podamos volver al citado lugar para conseguir como dijera un distinguido literato “pescar recuerdos con el cebo del paisaje”.
Pero, mientras tanto, viviremos añorando pasados años, años delicadamente perfumados por una suave brisa que se nos entregaba con la misma ternura con que nuestro mar, como exquisito amante, acaricia las tibias arenas, con las que jugábamos haciendo castillos, de los cuales esperábamos salieran princesas encantadas. Imposible olvidar la desesperante espera por ver el rayo verde en las tardes mortecinas; imposible olvidar los nerviosos momentos en que escrutando el horizonte suponíamos poder sorprender el paso de alguna sirena que fuese en busca de su amado y que con su canto confesara el amor que por él sentía.

Y si algún día volviéramos a ese Lerma, al que hoy extrañamos, volveríamos quizá a tratar de sorprender el romántico canto de una sirena triste, que en vano trata de buscar un refugio bendito en donde pueda entregar el amor sublime que su pecho guarda.

De nuestros labios parte un melancólico adiós a ese pueblo hospitalario y noble, de audaces pescadores, los que, como dijéramos anteriormente, juegan con la muerte, escribiendo versos de espuma con las quillas milagrosas de sus frágiles “cayucos”…

José Luis Llovera Baranda. 

Alimento del alma.



Es indiscutible que el sentimiento de plena satisfacción personal no sólo radica en la culminación de un programa de estudios profesionales, ni tampoco en una serie de metas bien logradas, sino debe ser motivo de una sed de progreso constante y siempre latente en nuestros ánimos y ansias de vivir.

El hecho de cultivar nuestras almas y forjarnos un intelecto cada vez más sólido y ávido de una madurez incesante debe generar un nosotros mismos una gran serie de alternativas para vivir cada vez mejor; el simple transitar por los senderos de la vida es una actitud errante e inadmisible para todos aquellos que deseen sobresalir en este mundo cada vez más poblado y demandante de gente culta y capaz. Pero existen ciertas actividades que por lo regular, se desempeñan de una manera anexa u opcional y que no siempre, para fortuna o no, están estrechamente relacionadas con la profesión o labor predominante de la persona, me refiero a cualquier actividad que pueda forjar en nosotros un espíritu más fuerte, algo que ayude a sentirnos aún mejor y que llene y alimente por completo los espacios vacíos del alma.

La importancia y la trascendencia de estos “escapes” o quehaceres alternos radica precisamente en el hecho de poder romper alegremente con una monotonía que muchas veces existe en nuestras vidas y que nosotros, inconscientemente, nos negamos a cambiar por miedo a quebrantar una secuela cotidiana ya conocida y aparentemente tranquila y sin complicaciones. Creo que el hecho de desempeñar nuevos hábitos, tales como leer, escribir, pintar o cualquier otra actividad que de una u otra manera esté ligada con el arte, o simplemente dedicarnos al arte por unos cuantos instantes generaría nuevas perspectivas de vida. Pues bien, tal vez sea de suma importancia detenernos unos segundos en medio de todos nuestros enjambres e problemas y anhelos y tomar muy en cuenta que una de las mayores retribuciones de carácter personal, es sin duda, la de sentirnos plenamente satisfechos con nosotros mismos y que sea lo que sea que hagamos a favor de un bien personal o impersonal procurarnos una vida plena de satisfacciones, para así sentirnos verdaderamente realizados.

José Luis Llovera Abreu.

martes, 5 de abril de 2011

Tardes bohemias... vale decir que vivir en el recuerdo es volver a vivir.


                                                           
Con las alas de la imaginación, felizmente sanas hasta hoy, nos remontamos a los tiempos idos en donde podíamos navegar a toda vela por los mares de la placidez casi infinita, y bajo el siempre caro embrujo del gentilicio campechano, nos reuníamos viernes a viernes, para compartir tardes exquisitas que pasábamos en rondas de vinos, versos y canciones.

Tendremos siempre en la memoria el aroma mágico de mar, música y poesía, y a nuestros compañeros, cual cruzados adoradores de Euterpe, que nos deleitaban, nos cautivaban y nos hacían recordar generosamente lo que el insigne nicaragüense señalara: ¨En su noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana¨.

Recordamos que constantemente hacíamos votos para que esas reuniones continuaran siempre para regocijo del alma. Pero por esos tiempos, jóvenes al fin, olvidábamos que tarde o temprano, en nuestro caso, mas temprano que tarde, nos toparíamos con una serie de achaques propios de la edad, que mermarían capacidades para multiplicar el tiempo, aquél de pentagramas y poesías.

Hoy damos gracias a Dios de estar vivos, y que muchos entrañables amigos nuestros nos hayan obsequiado con su divino perdón, por no poderlos acompañar ahora a esas tardes bohemias que tanto disfrutamos. Empero, con nuestro muy castigado corazón que contra todos los pronósticos, sigue latiendo en mayúsculas, continuamos resignados, añorando esas reuniones enriquecedoras del alma, en donde escuchábamos el ritmo armonioso de nuestras olas marinas que trascendían a bendito canto y embrujo, lo cual nos permitía contemplar con ojos de relojes nuevos, las albas teñidas de rosas, oro y marfil, al decir del poeta, así como la policromía de los ocasos de esta preciosa tierra nuestra, a la que tanto amamos, que bien podíamos decir sin exageración alguna: ¨Quienes nacimos en Campeche, vivimos y morimos en la gracia de su poetividad exquisita¨.

Y es que en efecto, vivir en el recuerdo es volver a vivir…

José Luis Llovera Baranda

domingo, 3 de abril de 2011

Para mis amigos: La constante víspera de la ausencia eterna.


Alguien dijo alguna vez que lo único seguro, en este transitar por la vida, es la muerte. Desde un punto de vista práctico, sí lo es.

Pero no todo en esta vida es lo práctico, aunque sería práctico que así lo fuera, no es el caso de quienes habitamos en este planeta. Una miríada de conceptos y preceptos rondan nuestras cabezas y pululan nuestro entender, la verdad es que, ante lo impredecible e inexplicable, el ser humano prefiere aludir a lo comprensibilidad de lo filosófico, o ante la filosofía de lo incomprensible. Como uno lo quiera ver o como cada quien quisiera abordar el problema.

Nos encanta, y qué bueno, elevarnos hacia la inasibilidad mental de la fe, y me refiero a todo aquello que nuestros criterios son incapaces de “tocar” y, por la misma impalpabilidad de aquello, lo ubicamos en altitudes cerebrales que rayan en esferas subliminales en donde nuestro entendimiento es morador eventual y caminante inexperto. Así es, preferimos deambular por estos espacios semidesconocidos para, de esta forma, no llevar toda la carga de la responsabilidad que significaría el naufragar nuestra nave en la azarosa ruta de la relatividad de la vida.

No hallamos explicación a la anticipación de la muerte, no encontramos el asidero del raciocinio que nos explique, contundentemente, la única y genuina versión del porqué el destino, el futuro, el albedrío de la vida, en fin, todos aquellos designios inescrutables de las fuerzas invisibles del universo (no quisiera ahondar en la concepciones divinas y teológicas) nos deparan siempre rutas escabrosas con desenlaces misteriosos que redundan en desastrosos y funestos eventos que, cual acero hirviendo sobre la piel, nos dejan la mefistofélica huella de una calamidad lastimosamente inolvidable.

Podríamos dedicarle páginas enteras y millones de palabras a toda esta disertación de lo inexplicable, del mundo de las sibilinas circunstancias que conllevan a sucesos de profundo dolor. ¿Por qué ocurren las desgracias? ¿Por qué sin previo aviso y sin ninguna razón aparente? ¿Por qué de pronto nos mimetizamos con lo más frágil y vulnerable que pueda vivir sobre la faz de la tierra?... Dos respuestas: la primera, o simplemente es y será incomprensible por los siglos de los siglos o, segunda respuesta, somos sencillamente una especie más en este vasto universo, dentro de una insignificante galaxia y perdidos en los confines de este espacio material que llamamos planeta tierra, y en donde luchamos por la supervivencia a expensas de los imponderables del transcurrir de la vida biológica y física, y en donde preferimos vivir y subsistir relacionándonos y procreándonos en incesante lucha por la paz y la perpetuidad de nuestra especie: la raza humana.

Es una forma de abordar la ininteligibilidad del asunto. En efecto, hay muchas otras pero hoy, y ante lo ocurrido en las vidas de amigos fraternales y reconociendo la fragilidad que representa vivir en la víspera de la ausencia eterna, prefiero compartir con ustedes estas someras y vagas conclusiones en aras de ahondar, con un atisbo de practicidad, en tan complejos escenarios de nuestra difícil existencia en el rumbo de este trajín diario al que llamamos: Vida.


José Luis Llovera Abreu.