miércoles, 7 de diciembre de 2011
10 meses ha.
Hace diez meses que adolezco indefectiblemente de la presencia física de mi padre. Hace treinta y nueve años que su espíritu subyace en mí y se trinca en mi mente afanoso y recurrente.
Mi papá sigue siendo el pilar que sostiene mis ímpetus, mis fuerzas, mis ánimos y mis deseos, sigue siendo el hombre a quien más he querido en la vida y lo seguirá siendo hasta que mi hijo deje de ser un niño y perpetúe nuestras enseñanzas.
¿Cómo hacer que de mi pluma emanen palabras halagüeñas?, ¿Cómo sugerir perspectivas trazadas con emoción y júbilo si carecemos de la musa inspiradora para hacerlas? Sólo nos motiva y nos reconforta el poder contar siempre con el carbón del recuerdo en la punta del lápiz, ese que atisba siempre el rasgo correcto para plasmar con trazos perfectos la límpida figura de la silueta de mi padre.
Extraño el abrazo de sus palabras y el cariño de su mirada, extraño el abrazo reparador y la palmada en la espalda, dadora de fuerzas y de asertiva compañía. Es cierto que el hijo no emana de las entrañas del padre, pero también es cierto que el amor que profesamos por él emana de nuestras entrañas mismas.
Mi papá rozaba con excelsitud los linderos de la genialidad. Había en su voz el cántico divino de la sapiencia, de la bondad y de la seguridad transformada en verbo. El cariz de sus consejos eclipsaba a cualquier erudito y su mirada bonachona era el bálsamo que me reconfortaba y me hacía mirar al cielo con los brazos en cruz y con el corazón trepidante. Mi papá era el roble en un bosque infestado de enclenques matorrales.
Algún día reanudaremos charlas inacabables y tertulias memorables, algún día nos abrazaremos en algún lugar en presencia de seres inexplicables y de vistas panorámicas incomprensibles; algún día velaremos juntos por las vidas de los hijos de nuestros hijos, algún día.
sábado, 20 de agosto de 2011
Re configuración necesaria.
En estos días nos hemos consternado con una retahíla de funestos acontecimientos en diversas partes del mundo. Como mexicanos, desafortunadamente nos despertamos con el ríspido sonido de la radio y con las invisibles noticias en los periódicos anunciándonos crímenes a tutiplén y desaparecidos a diestra y siniestra, y todo lo digerimos lenta y dolorosamente con los rasposos alcoholes de la encarnizada batalla social entre los diversos grupos políticos del país.
Es increíble este mundo surrealista nuestro, México no es la excepción en lo que a disturbios sociales se refiere. Desde el magnicidio en Noruega hasta los disturbios en las calles de Londres, ¿qué nos pasa como sociedad?, ¿en qué hemos fallado como habitantes de las ciudades? Las respuestas han de ser muchas y con una tupida auto recriminación que no escapa de la aburrida redundancia.
Pero prefiero enfocarme a la visión territorial de la problemática. Hay algo que sin duda disgusta a la población, hay algo que irremediablemente ha permeado maléficamente en el sentimiento de las personas, hay algo que subleva los ánimos de muchos habitantes de las ciudades y que conlleva a una rebelión contra todo y contra todos. Pero, ¿qué es éste mundial enemigo?, ¿cómo identificarlo, atacarlo y vencerlo?.... Se parte de un punto de vista conceptual cuando aludimos todas estas inhumanas conductas a un espontáneo y temporal brote malvado de violencia asociado a una explicable y remediable incomodidad e insurrección con el espacio que se habita, con el espacio que, es a la vez, continente y contenido y en el cual vivimos y deambulamos como seres vivos a diario; me refiero al gran contenedor, a nuestro gran habitáculo, a la ciudad.
Pero quizás el problema subyace en la errónea concepción del mismo, es decir, vivimos en él pero no vivimos por él; somos una extraña especie de seres humanos a quienes nos cuesta ser humanos. He ahí el problema. Dice el arquitecto Ernesto Velasco León que “la civilización es la cultura hecha ciudad”, creo que tiene razón. Es precisamente esta incultura lo que ha propiciado que hayamos transgredido las normas y las formas de vivir y convivir en las ciudades y es por ello que nos hemos convertido en seres incivilizados. Qué triste reconocer que, cual brotes esporádicos pero mortales de viruela negra, este mundo se vaya plagando de pestes, mientras se aniquila poco a poco y lentamente el espíritu más legítimo y genuino de la humanidad que debería ser el ser humano con los seres humanos, con nuestros prójimos y con todo lo que respire y habite sobre la faz de la tierra.
Creo que la solución, o al menos una gran parte de esta, está en la correcta administración del territorio, en el cuidado del ambiente físico, funcional y espacial de nuestras urbes y de nuestros hogares. Si vivimos felices y no sobrevivimos mediocremente nos comportaremos mejor como seres humanos y lograremos un ambiente más cordial y más habitable. Dice el ex presidente municipal de Bogotá, Enrique Peñalosa, que “una buena ciudad es en donde la gente quiere estar afuera de sus casas”, tiene razón y es una forma práctica de abordar con pragmatismo la problemática de la conducta del habitante. Es responsabilidad de todos, y sobre todo de los gobernantes y tomadores de decisiones, el planear y diseñar nuestros espacios, nuestras calles, nuestros parques, nuestros edificios y nuestras viviendas enfocados hacia la generación de comunidades y no sólo a la conformación de áreas delimitadas por barreras físicas en donde simplemente viven personas y familias.
La responsabilidad es de todos, cambiemos y reconfiguremos nuestras ciudades.
lunes, 8 de agosto de 2011
Sursum corda
Sursum corda
Por José Luis Llovera Baranda.
Cuando las palabras se unan en la corriente vertical del tiempo sin frontera.
Cuando las gargantas den paso al eco milagroso del ideal.
Cuando aprendamos la lección del beso huérfano, que acaricia frentes, que espiritualizan labios con sabor a redondez.
Cuando el hombre pueda serlo, no merced a su silueta, esa silueta que determina su geografía en trance de noticia, que trasciende a conato de sabor a humanidad.
Cuando estemos conscientes de lo que más importa, y podamos destruir los horizontes de oro que parecen magníficos, pintando los sentidos de amarillo corrosivo, negando sacrificios y negando cruces.
Cuando esto suceda, las risas de los niños serán más anchas y más largas; escalarán los años, cabalgarán en el lomo del tiempo por senderos hasta hoy desconocidos, y sin ser precisamente ingenuas se confundirán en las aguas vírgenes del abrazo sincero y los augurios diáfonos.
Que la palabra cambie de rumbo y de ropaje, que enfile su proa y que la clave en la carne viva de la acción, y que ahí se petrifique, y esa pasividad sea monumento egregio que motive una justificación plena de esa calidad que nos hemos atribuido nosotros mismos de seres humanos, y podamos desterrar del campo de la utopía a la nívea paloma de accidentados vuelos, para que cobre al fin altura, y su trinar bendito sea lazo firme que uniforme a todas las lenguas y a todas las razas, en el vértice común del más puro amor.
martes, 2 de agosto de 2011
Recordando a Iván.
Hay personas que son tristemente célebres, hay personajes célebres a quienes recordamos tristemente por su circunstancial partida de este mundo. Hoy, recordamos a Juan Camilo Mouriño, a nuestro Iván, al amigo y hermano con quien compartimos memorables tertulias y pláticas inacabables siempre pringadas de aquella chispa suya que inundaba de color el espacio y llenaba de risas la charla, emblema propio de su genuina picardía.
Así es, esos momentos yacerán por siempre irrepetibles, eso es innegable. Inefable será siempre para quienes lo quisimos entrañablemente su temprana desaparición, como imborrable será siempre de nuestras memorias su imagen indeleble en nuestro pensamiento. Gente como Iván tuvieron la gracia de cautivarnos y de saberse siempre presentes en nosotros, en nuestro diario devenir, en nuestro cotidiano pensar.
Carismático amigo fue siempre Iván, capaz de arrancarnos la sonrisa tanto en la informal sobremesa como en la sesuda disertación de algún tema importante; tenía esa rara habilidad de insuflarnos de optimismo y de captar su atención y transmitirnos sus preocupaciones o inquietudes, siempre en busca de la solución y siempre confiado en alcanzarla. Era el negociador nato, el político que hacía política sin politizar, sin polemizar en exceso, sin que en el proceso hubieran daños colaterales infames o desaguisados inútiles; era parte de una nueva raza de profesionales que veían a México a través del cristal de la esperanza.
Lo extrañaremos siempre, de eso no queda duda; lo recordaremos siempre, estamos seguros de ello; y aplicaremos siempre su pragmatismo y su objetividad, así sea en la casa o en el trabajo, eso y más nos legó Juan Camilo, eso y más le debemos a nuestro entrañable Iván.
miércoles, 29 de junio de 2011
El mar tiene lenguaje.
El mar tiene lenguaje.
Por José Luis Llovera Baranda.
Desde hace muchos años vivimos en el risueño pueblo de Lerma, por cierto nada avaro en cuanto a obsequiar bellezas naturales.
Siempre el paisaje marinero ha llamado poderosamente nuestra atención, el mar ofrece un paisaje milagroso, siempre diferente, con algo nuevo que ofrecernos. Y ese mar con el cual jugamos y nos confundimos cotidianamente, a diario cambia, el mar de hoy, no es el de ayer y será diferente mañana, pero esa reiterada metamorfosis, se lleva a cabo bajo los auspicios de la más cara belleza.
El mar tiene lenguaje, limitado en cuanto a forma, pero amplio y generoso en lo que hace a fondo. Su tono cambia a merced del tiempo, sus palabras salitrosas son las mismas, pero lo nuevo está engastado en lo viejo, es el espíritu de esas peculiares palabras lo que varía segundo a segundo.
Una aparente monótona oración la de sus olas, un canto de amor romance, de esperanza verde, como el color mismo de las húmedas gargantas pobladas de gracia, por donde escapan los tonos milagreros de esas náuticas plegarias.
El mar siempre novedoso, aunque pudiera pensarse lo contrario, ofrece un espectáculo que trasciende a milagro, y su referido lenguaje puede ser aprendido, algo quizás parecido a lo que sucede con cualquier otro idioma, y para lograrlo se necesita también dedicación y estudio. Se tendrá que estudiar en el libro del tiempo con sus hojas de años y sus palabras de horas, pero lo más importante será, lo que no sucede con ningún otro lenguaje, la necesidad imperiosa para su cabal entendimiento; la comprensión, ya no digamos de lo subjetivo, sino algo que va más allá de lo abstracto y que sin embargo existe, porque existe la imaginación y el pensamiento.
Pobres de los pobres espíritus que transitan estos terrenales lares, sin pena ni gloria, pobres de aquellos, que aferrados a sus estériles costumbrismos enjuician los incesantes cambios que por razones de época y de natural evolución se suscitan en nuestro mundo. Campeche, Cam., 1971.
viernes, 24 de junio de 2011
Nostalgia
Alguien dijo alguna vez que no siempre los tiempos pasados fueron mejores. Muchos están de acuerdo, otros difieren. Lo cierto es que nos gusta sentirnos atados a aquel sentimiento nostálgico que nos inunda de recuerdos y nos nutre con la visión de tiempos pretéritos. Es aquella melancolía la que nos mantiene vivos, siempre deseosos y esperanzados por volver a vivir esas experiencias inolvidables, esos momentos felices que tanto gozamos.
Somos pocos quienes realmente recreamos en nuestras mentes los túmulos de recuerdos preocupándonos por no poder vivirlos de nuevo. Es un sentimiento encontrado, un conflicto constante que genera pesadumbre disfrazada de felicidad, una extraña sensación que provoca nos mostremos incapaces de discernirnos nostálgicos o alegres por tejer memorias. Si, es una sensación muy particular. Somos pocos quienes la experimentamos y en ocasiones nos agobia el exceso de remembranzas, el enorme caudal de vivencias que cubre y se apodera de nuestras mentes provocando una súbita y fugaz recreación de lo ya vivido. Es como si en un instante nos situáramos justo en aquel hermoso momento que tanto añoramos, es como si todo se conjugara perfecto y unimismáramos cuerpo y memoria, oliendo, escuchando y observando aquello inmemorial ocasión.
Si recurriéramos a las raíces etimológicas de la palabra “nostalgia”, nos daríamos cuenta de tan elocuente significado. Nostos en griego signfica “regreso” y algos “sufrimiento”; nostalgia se refiere al martirio provocado por las evocaciones y las vivencias pasadas, en síntesis, es la tristeza ocasionada por el destierro, o como definiría el connotado escritor checo Milán Kundera en su libro “La ignorancia”, la nostalgia es “la morriña del terruño… morriña del hogar”.
Es difícil describir con palabras el intempestivo torrente de pensamientos que se arremolinan vertiginosamente en nuestras mentes, es casi imposible explicar el porqué de ese alusivo oleaje. Existen muchas facetas del comportamiento humano que aún se mantienen inexplicables. Pero lo que sí sabemos, es que todos esos recuerdos son un regalo hermoso, un don magnífico y una cualidad distintiva de nuestra especie.
No siempre los tiempos pasados fueron mejores, pero dichosos aquellos que mantienen vivas las experiencias transcurridas y siempre presentes las gratas recordaciones. J.L.Ll.A. Campeche, Cam., 2001
lunes, 23 de mayo de 2011
Escribir también es trabajo.
Por José Luis Llovera Baranda.
Para la cabal realización de cualquier tarea del espíritu es menester contar con motivaciones. Estas las encontramos a menudo en la gente que desarrolla trabajos similares a los de uno. Así, el escritor que empieza encontrará de incalculable valor una plática con algún otro escritor de mayor experiencia que él. Los consejos, sugerencias, etc., aunados al cariño con que se oiga hablar de las tareas artísticas, constituirán inmejorables inyecciones de vida para proseguir en la ruta del arte.
En alguna ocasión asentamos, y hoy lo repetimos, que, por ejemplo, para poder escribir se necesitan no tan solo cualidades innatas, ni tan sólo cultura en general, se necesita también ser un verdadero apóstol de las letras. La literatura no produce mucho en el aspecto económico, pues estas y el dinero están casi en completo divorcio.
Pero la cosa no queda ahí. La persona -hombre o mujer- que escriben y aceptan el reto de la precaria situación pecuniaria en aras de cumplir con su vocación, abrazando el oficio de escritor con gran amor y entrega, recibe las más de las veces críticas y más críticas las cuales sería prolijo ennumerar, pues son abundantes los calificativos vertidos a los que se atreven empuñar una pluma y publicar sus obras.
Dentro de ese cuadro de críticas nos limitaremos a señalar una, solamente una: el común de la gente tiene la firme convicción de que escribir no es trabajar. Esto es, que si algún escritor es interrogado sobre el trabajo que desarrolla y él contesta que escribe, la pregunta obligada es: "Sí, sé que escribes, ¿pero en qué trabajas?". Entonces, escribir no es trabajo.
La actividad literaria es tomada como algo así como un pasatiempo de los bohemios, flojos, desordenados, etc. Claro que los que así opinan son personas que obviamente no manejan con mucha fluidez el alfabeto. Pero la opinión que comentamos está bastante generalizada. En resumen escribir no es trabajar: romper piedras, sí...
Además de todo esto vienen las envidias, los odios que, aumentan cuando se consigue ciertos lauros eminentemente espirituales, insistimos de nueva cuenta, puesto que el dinero ocupa un papel secundario en la vida del artista. Y no es que lo rechace pues también tiene qué comer y su familia también.
Tan que no es considerado como un verdadero trabajo el de escribir que son innumerables las ocasiones en que los que más o menos escriben o tienen facilidad para ello son constantemente objeto de encargos: cartas, prólogos, revisiones de trabajos y "chambas" relacionadas con todo lo que sea escribir. Pero jamás los que piden este tipo de favores tienen en mente compensar económicamente al amigo, conocido, o simple voluntario forzoso por la sencilla razón de que se piensa que aquello no es trabajo sino pasatiempo única y exclusívamente.
Todo lo apuntado en estas líneas obedece, ni más ni menos, a la falta de cultura existente, en virtud de la incapacidad de poder valorar este tipo de trabajo en toda su extensión, por cierto muy dilatada e importante.
En fin, a lo mejor algún día se llegará a la conclusión de que escribir es, efectívamente trabajo. Campeche, Campeche.
viernes, 6 de mayo de 2011
La poesía está de luto. Pellicer ha muerto.
El "DIARIO" nos trajo la noticia de la muerte de uno de los más grandes poetas mexicanos contemporáneos: Carlos Pellicer.
Hemos perdido a uno de los más grandes valores de la poesía.
El bardo tabasqueño que supo aprisionar en su pluma, color, aroma y sentimiento y que voló seguro por los infinitos espacios de la poesía, magistralmente nos deja quizá porque sus cantos deban ser disparados desde tribunas más altas.
"Vamos a tu poesía del brazo de una noche totalmente encendida. Allí se pinta el día con los colores minerales con que una flecha espiritual da en el blanco de lo más bello, un poco triste, ardiendo. Es un cielo terrestre florecido sin el cuidado de ninguna mano. Eso fue consecuencia de la lluvia que llega obscura y se deshace en luz. Salgo de tus poemas pensando que en las flores está el canto". Hermoso fragmento del poema de Pellicer titulado "Noticias sobre Netzahualcóyotl y algunos sentimientos".
Y es que este magnífico poeta supo clavar siempre en las entrañas del hombre y de la tierra su palabra encendida hecha música, alarido, trueno, señal, noticia de las ideas hechas luz que tantas y tantas veces inauguraron el día y bendijeron la noche.
Pluma fresca que hoy descansa en la divina quietud a la que tantas veces cantara. Sin embargo nos deja en este mundo tangible a veces exageradamente tal, una catarata inmortal de belleza: exquisito monumento.
Con Carlos Pellicer hablamos por teléfono unas diez o doce veces; siempre nos insistió en su cariño por Campeche diciéndonos que había sido en esta amurallada ciudad en donde había aprendido a escribir poesía y fue hasta hace poco en Mérida donde tuvimos oportunidad de estrechar su mano y disfrutar su charla desgraciadamente no muy larga. Nos entusiasmó hablar en aquella ocasión de un extraordinario amigo común; de un estupendo poeta tabasqueño desaparecido también, José Carlos Becerra, por quien ambos sentíamos una profunda admiración. Y fue la imagen y el recuerdo de José Carlos Becerra lo que esa noche unió con más firmeza nuestra plática.
Tabasco, México y el mundo han perdido a un artista, a un intelectual magnífico.
Un adiós triste al poeta que nos dijo: "Vivo en doradas márgenes: ignoro el central gozo de las cosas. Desdoblo siglos de oro en mi ser. Y acelerando rachas-quillas o alas de oro- repongo el dulce tiempo que nunca he de tener".
Pellicer ha muerto, la poesía está de luego.
Campeche, Cam., Febrero de 1977.
miércoles, 27 de abril de 2011
Virtudes mágicas.
ACTUACIÓN.- Bien conocida es la actuación de las personas que acompañan a los señores políticos, en el sentido de prodigarles toda clase de halagos desmedidos.
MAGIA.- Como por arte de magia el "elegido", apenas "llega"; es convertido en gran orador, luchador incansable, benefactor, héroe, filántropo y hasta artista por las inflamadas palabras de "aliento" de los integrantes de su corte revolucionaria.
CHISTOSO.- Lo chistoso del caso, es que cuando los primeros calificativos hacen blanco en las mentes de los "meros, meros", éstos no les dan mucho crédito, toman aquello con ciertas reservas.
INSISTENCIA.- Pero la insistencia, la repetición sistemática de los halagos es tal, que las reservas con que fueron tomados en principio dichos halagos, se dejan a un lado, para empezar a pensar seriamente que en realidad se es merecedor de eso y aún ¿por qué no? de otras muchas cosas más...
CIMA.- Así pues, cuando llegan a la cima, su elocuencia de oradores no puede ponerse en tela de juicio, sus tareas en pro del pueblo son inigualables, su entrega es incomparable, su inteligencia fuera de lo común y hasta su fuerza física resulta increíble.
DECLIVE.- Pero toda vez que dejan el poder, con la misma facilidad con que llegaron a tener todas esas virtudes, de la misma forma se ven despojados de ellas.
CONSEJO.- Cuando alguien supo que un amigo suyo llegaría a ocupar un puesto de "elección popular", se acercó a él, y le dijo: "Aprovecha, serás inteligente seis años".-
José Luis Llovera Baranda. Campeche, Cam., Noviembre de 1977.
martes, 26 de abril de 2011
El recinto amurallado (entrevista al Arq. Carlos Flores Marini)
Releíamos ayer una entrevista que le hicimos al arquitecto Carlos Flores Marini, director de Monumentos Artísticos del INBA, en el pasado mes de marzo, y por lo significativo de uno de los temas que abordó quisiéramos hacer un comentario al respecto en virtud del interés que le vemos, ya que se refiere a la vida en los lugares que, como Campeche, tiene un recinto amurallado.
Pues bien, el arquitecto Flores nos decía que, al hablar de las ciudades amuralladas, había podido observar en varias de ellas un curioso fenómeno (que nosotros dividiremos en tres etapas, para que los lectores tengan una idea más precisa del asunto).
Primera: que en el recinto amurallado originalmente vivieran personas acomodadas que representaban la clase alta de la sociedad, pues este lugar era reservado para ellas. Así pues, vivir intramuros significaba distinción, solidez económica, etc.
Segunda: se caracteriza por todo lo contrario a lo anterior. Esto es que si en principio vivir en el recinto amurallado significaba elegancia o nobleza, en esta segunda fase representa pobreza por lo que las personas pudientes salen rápidamente de ahí y construyen sus casas en las afueras de la ciudad preferentemente, lo cual ocasiona la ampliación de la urbe entre otras cosas. Antes de seguir adelante quisiéramos recalcar que en Campeche actualmente se vive esta segunda etapa.
Tercera: El recinto amurallado vuelve como en los viejos tiempos a ser el lugar donde vive la gente rica, y esto se debe a la idea de muchos de tener una casa que otros no pueden tener, pues si todos están económicamente en condiciones de construirse una residencia no todos con la misma facilidad pueden adquirir una antigua casa enclavada intramuros, por diversas razones, fundamentalmente del orden sentimental.
Pensamos que la última etapa no la verán quizá ni nuestros nietos, pero parece lógico lo que Flores Marini expone, debido a que llega el momento en que se desea tener algo que otro no tenga, para demostrar a la sociedad en que se vive determinado tipo de circunstancias valederas para ser tomadas en cuenta, aunque sea por razones de índole material exclusívamente.
Nos parecen muy interesantes las observaciones del director de Monumentos Artísticos del INBA, sobre todo que lo que él afirma está respaldado por la experiencia, puesto que ha sucedido en otras partes con las características campechanas en cuanto a la existencia, de una ciudad amurallada, y el universal ingrediente de la vanidad humana.
El paso de los años será el encargado de decir a las futuras generaciones en Campeche, si el comentado fenómeno se presenta en nuestra tierra, pero por si las dudas para los que todo cifran en sus casas posición social, personalidad, etc.- sería conveniente que fueran adquiriendo otras en el recinto amurallado para que sus descendientes puedan seguir sin tropiezos, las líneas torcidas o rectas de bonanza económica que hoy esgrimen a manera de "ábrete-sésamo" en las esferas sociales.
José Luis Llovera Baranda.- Campeche, Cam., 20 de mayo de 1977.
lunes, 18 de abril de 2011
Urbanismo automotriz
¿Por qué asumimos que el urbanismo automotriz es insustentable?... pues porque quizás lo sea. Al menos hasta ahora, hasta hoy, la aplanadora económica llamada Estados Unidos de Norteamérica, ha vertido todas sus iniciativas sobre la premisa del diseño urbano a través del vehículo particular, fortaleciendo su economía ligándola al progreso de esta industria. Hoy día, y en un futuro inmediato, al menos eso creo, la historia se escribe con otro cariz.
Estados Unidos ha sentido el golpe duro e implacable de la recesión económica mundial. Ya casi nadie, ni siquiera los estadounidenses con su colosal poder adquisitivo han podido sostener el ritmo que este lujosísimo capricho de vida ha demandado por muchos años ya.
Como suele suceder, México ha sufrido las funestas consecuencias de haber copiado este modelo. Y digo que es común asumir el golpe de esta práctica, ya que somos los países en vías de desarrollo quienes, con el ánimo de seguir el galopante ritmo del progreso y la modernidad, no nos percatamos de la aplastante brecha de tiempo que separa a estas naciones.
Mejor no adoptemos experiencias ajenas a nuestra idiosincrasia y a nuestra cultura, mejor adaptémoslas a nuestra forma de vivir y a nuestra economía. Miremos a Europa y a sus paradigmas urbanos que, tal vez, sean más aplicables y adaptables a nuestro territorio y a nuestra civilidad.
Casi siempre pretendemos seguir a la par de los países desarrollados, cuando nosotros vivimos un desarrollo incompleto y siempre apresurado por la premura natural de sabernos siempre rezagados.
Interpretemos nuestros rezagos como una consecuencia resoluble, no como una eterna e inacabable forma de vida.
José Luis Llovera Abreu.
domingo, 10 de abril de 2011
A Lerma. Un melancólico adiós.
Por razones de índole personal, nos hemos visto en la imperiosa necesidad de abandonar nuestro siempre hermoso pueblo de Lerma. Le hemos dado un melancólico adiós, cuajado de tristeza y de nostalgia; un adiós difícil, pues no resulta nada fácil desprenderse de algo que a través del tiempo se ha identificado tanto con uno mismo.
Echaremos de menos las horizontales oraciones de ese mar lermero, que vive bajo los auspicios de la más elevada belleza natural.
Posiblemente pase tiempo antes de que volvamos a dialogar con pescadores amigos, con hombres de manos encallecidas y tez morena, cuyo oficio es jugar con la muerte; escribiendo versos de espuma con las quillas milagrosas de sus frágiles “cayucos”.
Recordaremos siempre a los personajes característicos de ese risueño lugar; tendremos presente a nuestro desaparecido amigo Marcelo Gutiérrez González, un viejo agricultor que al correr del tiempo trocó los útiles de labranza por el comercio, y cuyas transacciones comerciales bien podrían ser regios argumentos de muchos cuentos. Durante mucho tiempo disfrutamos de la plática ingenua y graciosa de Marcelo, quien fue apodado “el licenciado” por los vecinos del lugar, pues se constituía en consejero legal de todos los que a él acudían. Cabe anotar que nuestro citado amigo no sabía leer, y por tanto sus conocimientos no podían ser muchos, pero suplía su incultura con una clara viveza. En esto consistía precisamente lo característico en él. “Por lo mucho que he leído a pesar de no saber leer” decía, y después explicaba: “Todo lo he leído en el libro de la vida”.
Cosas como éstas acuden y acudirán a nuestra mente, y si algún día nos decidiéramos a escribir, tendríamos mucho material tan sólo con recordar a los personajes típicos de ese pueblo, que por cierto tendrán siempre en nosotros un lugar de respeto, afecto y sincera consideración.
Asimismo, tendremos siempre una especial estima a los amigos de la infancia, gran número de ellos profesionales hoy, que lograron llegar a obtener sus títulos, después de sortear innumerables problemas, sobre todo de índole económica. Nos sentimos plenamente orgullosos de esas amistades y es imposible dejar de sentir una gran admiración hacia ellos, pues los vimos levantarse de una cuna humilde, hasta llegar a ser lo que hoy son; profesionales que con su esfuerzo plasman un hermoso ejemplo para aquéllos que, estando acomodados económicamente, prefieren vagar que hacer algo de provecho.
Así pues, guardaremos celosamente el recuerdo indeleble de esos días azules, de esos días de Lerma, bajo cuyo cielo y frente a sus puestas de sol fuimos felices espectadores, rendidos admiradores de esa policromía celeste, que en forma tan generosa nos era obsequiada cotidianamente. Un suspiro eterno por aquellos días.
Ojalá que al correr del tiempo podamos volver al citado lugar para conseguir como dijera un distinguido literato “pescar recuerdos con el cebo del paisaje”.
Pero, mientras tanto, viviremos añorando pasados años, años delicadamente perfumados por una suave brisa que se nos entregaba con la misma ternura con que nuestro mar, como exquisito amante, acaricia las tibias arenas, con las que jugábamos haciendo castillos, de los cuales esperábamos salieran princesas encantadas. Imposible olvidar la desesperante espera por ver el rayo verde en las tardes mortecinas; imposible olvidar los nerviosos momentos en que escrutando el horizonte suponíamos poder sorprender el paso de alguna sirena que fuese en busca de su amado y que con su canto confesara el amor que por él sentía.
Y si algún día volviéramos a ese Lerma, al que hoy extrañamos, volveríamos quizá a tratar de sorprender el romántico canto de una sirena triste, que en vano trata de buscar un refugio bendito en donde pueda entregar el amor sublime que su pecho guarda.
De nuestros labios parte un melancólico adiós a ese pueblo hospitalario y noble, de audaces pescadores, los que, como dijéramos anteriormente, juegan con la muerte, escribiendo versos de espuma con las quillas milagrosas de sus frágiles “cayucos”…
José Luis Llovera Baranda.
Alimento del alma.
Es indiscutible que el sentimiento de plena satisfacción personal no sólo radica en la culminación de un programa de estudios profesionales, ni tampoco en una serie de metas bien logradas, sino debe ser motivo de una sed de progreso constante y siempre latente en nuestros ánimos y ansias de vivir.
El hecho de cultivar nuestras almas y forjarnos un intelecto cada vez más sólido y ávido de una madurez incesante debe generar un nosotros mismos una gran serie de alternativas para vivir cada vez mejor; el simple transitar por los senderos de la vida es una actitud errante e inadmisible para todos aquellos que deseen sobresalir en este mundo cada vez más poblado y demandante de gente culta y capaz. Pero existen ciertas actividades que por lo regular, se desempeñan de una manera anexa u opcional y que no siempre, para fortuna o no, están estrechamente relacionadas con la profesión o labor predominante de la persona, me refiero a cualquier actividad que pueda forjar en nosotros un espíritu más fuerte, algo que ayude a sentirnos aún mejor y que llene y alimente por completo los espacios vacíos del alma.
La importancia y la trascendencia de estos “escapes” o quehaceres alternos radica precisamente en el hecho de poder romper alegremente con una monotonía que muchas veces existe en nuestras vidas y que nosotros, inconscientemente, nos negamos a cambiar por miedo a quebrantar una secuela cotidiana ya conocida y aparentemente tranquila y sin complicaciones. Creo que el hecho de desempeñar nuevos hábitos, tales como leer, escribir, pintar o cualquier otra actividad que de una u otra manera esté ligada con el arte, o simplemente dedicarnos al arte por unos cuantos instantes generaría nuevas perspectivas de vida. Pues bien, tal vez sea de suma importancia detenernos unos segundos en medio de todos nuestros enjambres e problemas y anhelos y tomar muy en cuenta que una de las mayores retribuciones de carácter personal, es sin duda, la de sentirnos plenamente satisfechos con nosotros mismos y que sea lo que sea que hagamos a favor de un bien personal o impersonal procurarnos una vida plena de satisfacciones, para así sentirnos verdaderamente realizados.
José Luis Llovera Abreu.
martes, 5 de abril de 2011
Tardes bohemias... vale decir que vivir en el recuerdo es volver a vivir.
Con las alas de la imaginación, felizmente sanas hasta hoy, nos remontamos a los tiempos idos en donde podíamos navegar a toda vela por los mares de la placidez casi infinita, y bajo el siempre caro embrujo del gentilicio campechano, nos reuníamos viernes a viernes, para compartir tardes exquisitas que pasábamos en rondas de vinos, versos y canciones.
Tendremos siempre en la memoria el aroma mágico de mar, música y poesía, y a nuestros compañeros, cual cruzados adoradores de Euterpe, que nos deleitaban, nos cautivaban y nos hacían recordar generosamente lo que el insigne nicaragüense señalara: ¨En su noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana¨.
Recordamos que constantemente hacíamos votos para que esas reuniones continuaran siempre para regocijo del alma. Pero por esos tiempos, jóvenes al fin, olvidábamos que tarde o temprano, en nuestro caso, mas temprano que tarde, nos toparíamos con una serie de achaques propios de la edad, que mermarían capacidades para multiplicar el tiempo, aquél de pentagramas y poesías.
Hoy damos gracias a Dios de estar vivos, y que muchos entrañables amigos nuestros nos hayan obsequiado con su divino perdón, por no poderlos acompañar ahora a esas tardes bohemias que tanto disfrutamos. Empero, con nuestro muy castigado corazón que contra todos los pronósticos, sigue latiendo en mayúsculas, continuamos resignados, añorando esas reuniones enriquecedoras del alma, en donde escuchábamos el ritmo armonioso de nuestras olas marinas que trascendían a bendito canto y embrujo, lo cual nos permitía contemplar con ojos de relojes nuevos, las albas teñidas de rosas, oro y marfil, al decir del poeta, así como la policromía de los ocasos de esta preciosa tierra nuestra, a la que tanto amamos, que bien podíamos decir sin exageración alguna: ¨Quienes nacimos en Campeche, vivimos y morimos en la gracia de su poetividad exquisita¨.
Y es que en efecto, vivir en el recuerdo es volver a vivir…
José Luis Llovera Baranda
domingo, 3 de abril de 2011
Para mis amigos: La constante víspera de la ausencia eterna.
Alguien dijo alguna vez que lo único seguro, en este transitar por la vida, es la muerte. Desde un punto de vista práctico, sí lo es.
Pero no todo en esta vida es lo práctico, aunque sería práctico que así lo fuera, no es el caso de quienes habitamos en este planeta. Una miríada de conceptos y preceptos rondan nuestras cabezas y pululan nuestro entender, la verdad es que, ante lo impredecible e inexplicable, el ser humano prefiere aludir a lo comprensibilidad de lo filosófico, o ante la filosofía de lo incomprensible. Como uno lo quiera ver o como cada quien quisiera abordar el problema.
Nos encanta, y qué bueno, elevarnos hacia la inasibilidad mental de la fe, y me refiero a todo aquello que nuestros criterios son incapaces de “tocar” y, por la misma impalpabilidad de aquello, lo ubicamos en altitudes cerebrales que rayan en esferas subliminales en donde nuestro entendimiento es morador eventual y caminante inexperto. Así es, preferimos deambular por estos espacios semidesconocidos para, de esta forma, no llevar toda la carga de la responsabilidad que significaría el naufragar nuestra nave en la azarosa ruta de la relatividad de la vida.
No hallamos explicación a la anticipación de la muerte, no encontramos el asidero del raciocinio que nos explique, contundentemente, la única y genuina versión del porqué el destino, el futuro, el albedrío de la vida, en fin, todos aquellos designios inescrutables de las fuerzas invisibles del universo (no quisiera ahondar en la concepciones divinas y teológicas) nos deparan siempre rutas escabrosas con desenlaces misteriosos que redundan en desastrosos y funestos eventos que, cual acero hirviendo sobre la piel, nos dejan la mefistofélica huella de una calamidad lastimosamente inolvidable.
Podríamos dedicarle páginas enteras y millones de palabras a toda esta disertación de lo inexplicable, del mundo de las sibilinas circunstancias que conllevan a sucesos de profundo dolor. ¿Por qué ocurren las desgracias? ¿Por qué sin previo aviso y sin ninguna razón aparente? ¿Por qué de pronto nos mimetizamos con lo más frágil y vulnerable que pueda vivir sobre la faz de la tierra?... Dos respuestas: la primera, o simplemente es y será incomprensible por los siglos de los siglos o, segunda respuesta, somos sencillamente una especie más en este vasto universo, dentro de una insignificante galaxia y perdidos en los confines de este espacio material que llamamos planeta tierra, y en donde luchamos por la supervivencia a expensas de los imponderables del transcurrir de la vida biológica y física, y en donde preferimos vivir y subsistir relacionándonos y procreándonos en incesante lucha por la paz y la perpetuidad de nuestra especie: la raza humana.
Es una forma de abordar la ininteligibilidad del asunto. En efecto, hay muchas otras pero hoy, y ante lo ocurrido en las vidas de amigos fraternales y reconociendo la fragilidad que representa vivir en la víspera de la ausencia eterna, prefiero compartir con ustedes estas someras y vagas conclusiones en aras de ahondar, con un atisbo de practicidad, en tan complejos escenarios de nuestra difícil existencia en el rumbo de este trajín diario al que llamamos: Vida.
José Luis Llovera Abreu.
sábado, 2 de abril de 2011
Nuestro amigo Pepe Toraya.
Todas las ciudades del mundo tienen a sus personajes característicos. Campeche no es la excepción. Podemos citar a muchos, pero en esta ocasión nos referiremos a nuestro amigo el Sr. José Toraya Barquet, quien reúne todas las cualidades denotadas con la palabra campechanía: en efecto, es sincero, con la bondad propia del provinciano acendrado como es él, conserva siempre su espíritu juvenil a pesar de que ya puede considerarse que ha tramontado la tercera edad y esta perenne emoción primaveral lo hace proclive a conservarse también, a pesar de su edad, como un inmarchitable galán, y por ello enamoradizo y frívolo dentro del ancho territorio de un don Juan, no el que mereció las severas críticas del Dr. Marañón, sino con la lozanía varonil y eterna de un auténtico ladrón de corazones.
Las señaladas circunstancias de Pepe Toraya lo convierten por sus propios méritos en un tipo genuinamente representativo del campechano eterno, pues no admite en su proverbial unidad las distinciones entre Campeche nuevo y Campeche viejo que se redujeron a una calificación temporal meramente política.
Ha de decirse también para beneficio de sus amores procurados, que permanece aún sin allegarse a su media naranja, ya que defiende su empedernida soltería con verdadera pasión, pensando quizá en sus adentros que por qué va a hacer feliz a una sola mujer, pudiendo muy bien hacer felices a varias con sus amores efímeros y permanecer en esa forma como un deseado galán que practica el arte del enamoramiento a la manera antigua, o sea, caballeresco y respetuoso de la dama presunta a la que regala sus más emocionados piropos siempre animado por el innato respeto como el que guardó el inmortal don Quijote por su inefable Dulcinea.
Con estas palabras no queremos herir en forma alguna a nuestro estimabilísimo amigo Pepe Toraya, sino aunque hoy está escrito, como uno de los comentarios que solemos hacer sábado a sábado, las decimos siempre en las amenas tertulias a las que su amistad convoca en su domicilio y a las que puntualmente asistimos con verdadero contento y ufanía porque flota ahí ambiente de verdadera y leal camaradería, pues todos los concurrentes estamos religados con finos lazos de afectuosa amistad.
Sirvan también estas líneas de felicitación al amigo Pepe, por su reciente onomástico que será igualmente el señalado motivo de la próxima reunión con él.
José Luis Llovera Baranda.
Piratas del espíritu.
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| Del sitio soycaribe.net |
El cada vez más preocupante deterioro moral que sufren muchas personas que cínicamente tratan de incursionar en diversas actividades culturales, como las políticas, periodísticas, literarias, etc., et., constituyen un severo lastre para lograr que las nuevas generaciones puedan navegar a toda vela por los mares de la verticalidad, la ética y la verdad.
Impulsados única y exclusivamente por el “estímulo” de la vanidad y el dinero exhiben su pobreza espiritual al arrastrarse tristemente en la desesperada búsqueda de unas monedas, o bien en el inmerecido elogio que los coloque a la altura de los grandes.
Y es que cuando no hay convicción plena de lo que se hace y se dice, se cae irremediablemente en el campo siempre triste de los mercenarios, de aquellos que con sus actitudes envilecen sobre todo a la juventud, desafortunadamente. La mejor vacuna contra la actitud ridícula y vanidosa de esos modernos piratas del espíritu es la de hacer exactamente lo contrario a lo que ellos hacen.
De ahí tal vez que, ante la proliferación de esos neobucaneros del alma, a las personas de bien se les tenga fuera de tiempo y lugar, descontinuados pues, en este mundo actual donde el respeto y la estima muchos tratan de encontrarlos en el robo económico o en el fraude intelectual.
Los hombres cabales que tienen siempre ocupado el pensamiento con elevados principios son vistos como bichos raros, a los que los mediocres siempre atacarán por el simple hecho de ser valiosos y de poder dejar a su paso luminosas huellas, de hombres grandes a la manea que aconsejaba Kipling.
Así pues, despreciemos profundamente a todos aquellos farsantes que han hecho de la vanidad un oficio y del dinero un culto, y admiremos hoy y siempre a todas aquellas personas que con su ejemplo de cultura y honestidad puedan enriquecer principalmente a nuestra juventud, y que por lo grande y noble de sus actos podamos decir de ellas que tienen corazones lo suficientemente generosos, que sólo saben latir en mayúsculas.
José Luis Llovera Baranda.
Dos sonetos: Lecturas que iluminan.
Animados tal vez por los dorados ayeres, recordábamos que hace más de veinte años publicamos en las páginas del Diario de Yucatán unos sonetos, que a nosotros nos parecen espléndidos y que nos gustaría disfrutaran, sobre todo, las nuevas generaciones de lectores de “El Periódico de la Vida Peninsular”.
Y es que a pesar de que la forma literaria del soneto ha recibido a lo largo de los años numerosas críticas, generalmente motivadas por sus estrafalarios rigores numéricos, como expresara Jorge Luis Borges, siempre, dígase lo que se diga, es la creación formal más importante de la poesía lírica desde su nacimiento en el siglo doce, su inmediato apogeo en el renacimiento y su posición actual en los diversos movimientos literarios, y es que, no obstante sus exigencias formales, resulta con la anchura necesaria para captar las vivencias de su autor, sublimadas por la rima.
En el soneto “En vísperas” del Lic. Perfecto Baranda Macgregor, sentimos la acertada resignación ante la muerte que se vislumbra. Y otro gran poeta campechano, Rafael Perera Castellot le contesta al primero con otro soneto que bien podemos calificar, también, de antología.
EN VÍSPERAS
Lucho con los abrojos del camino:
me acorazan dolores, desengaños.
Ante el rudo castigo de los años
la muerte es redentora, a ella me inclino.
¿Cuándo me llamará? No lo adivino…
Cuenta para ello múltiples amaños
que aunque no son a la conciencia extraños,
por más que reflexiono, nunca atino.
Vegeto en las tinieblas… soy un ciego
que sólo espera con serena calma
que la parca señale mi partida.
Pero aún retengo en el cerebro fuego
hago versos escritos con el alma
como el último grito de la vida.
Perfecto Baranda Macgregor
A PERFECTO BARANDA MACGREGOR
Ciego, cómo te envidio porque aún canta
tu espíritu gentil. Cómo quisiera
que ese pájaro insomne se prendiera
en mi desolación, que nada encanta.
Seca tengo de angustia la garganta
y mustia mi quimera pordiosera.
Tú no, yo soy el ciego que agiganta
su fe en tu fe, que va por donde quiera.
Deja estrechar tu mano, noble y fuerte,
que espera la visita de la muerte
como una bella amada presentida.
Mientras yo… torpe y cobarde…
salgo a ver si un celaje de la tarde
ciega y destroza de una vez mi vida.
RAFAEL PERERA CASTELLOT
Estas son, sin duda lecturas que iluminan.
José Luis Llovera Baranda.
martes, 29 de marzo de 2011
Urbanismo material e inmaterial (2)
El urbanismo material es impalpable, es intocable pero comprensible, es lo que otorga sentido y pertenencia a nuestras ciudades.
El urbanismo inmaterial es orígen y fin, es voluntad política y es entorno virtual que da coherencia funcional a nuestros contextos urbanos, a nuestros medios físicos, a nuestros ambientes hechos por nosotros, hechos por el hombre. Es consecuencia y motivo, es causa y efecto; uno se compagina y depende del otro, es simbiosis eterna entre lo MATERIAL y lo INMATERIAL.
José Luis Llovera Abreu.
Conformismo
Me refiero al aliento perverso del conformismo, de la mediocridad y del letargo nefasto que congela nuestas mentes y empantana nuestras palabras.
Tan anquilosado es aquel que se paraliza al saberse inferior y al sentirse sumiso por su precario carácter y por su prístina cultura, como aquel que, siendo dotado de cuerpo y alma, no se aventura a dar el salto cuántico hacia la inmortalidad.
Son éstos últimos los lastres imperdonables de nuestras sociedades modernas; y son los primeros las escorias por donde debemos hurgar de vez en cuando, en busca de, quizás, algún alma única que quiera levantar el vuelo hacia horizontes inexplorados.
Las altitudes inasibles son utopía en las mentes conformistas y son metas en el horizonte del visionario.
José Luis Llovera Abreu.
domingo, 27 de marzo de 2011
Robin Hood
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| Imagen: lucho-expresionescrita.blogspot.com |
Si Robin Hood viviera en nuestros días podría ejercer de “ladrón bueno” sin miedo a ser perseguido por las autoridades en la que fue su ciudad natal, Nottingham, ya que esta legendaria villa inglesa se quedará sin “sheriff” a partir del mes de mayo, porque nadie quiere ocupar el puesto de defensor de la ley, de acuerdo con una nota de prensa de la agencia EFE, en la cual también se asienta que de no resolverse este problema, el puesto de “sheriff” de Nottingham, ciudad que sirvió de escenario al famoso Robin Hood, de sobra conocido por robarle a los ricos para darle a los pobres, quedará vacante por primera vez en ocho siglos, después de que se retire el actual, Ron Mcintosh, el próximo mes de mayo. En la citada nota se afirma que el mencionado puesto tiene un carácter más ceremonial que ejecutivo, y que no está remunerado y obliga al que lo ocupa a retirarse de la vida política durante un año, y es por ello por lo que quizás ha sido rechazado hoy por todos los miembros que integran la mayoría del Partido Laborista en el Ayuntamiento, a quienes corresponde ocupar el cargo.
Pues así las cosas, en tanto el partido mayoritario en el consejo municipal no encuentra al nuevo “sheriff”, el partido opositor conservador bromea sobre esta situación y señala que Robin Hood debe estar riendo en los bosques de Sherwood por la falta de “enemigos” a los cuales enfrentarse. El quid de todo lo anterior estriba, para no darle mayores vueltas, en que el aludido puesto no está remunerado, y seguramente, aunque el comunicado de prensa de EFE no lo especifica, tampoco aquella “chamba” se presta a ser “pellizcada”.
Bueno, pero todo lo anterior acontece en un lugar de Inglaterra, y tal vez los ingleses, o muchos de ellos, no están acostumbrados al sacrificio por el solar nativo, por la Patria, quizá a esto obedezca el problema.
En cambio si lo mismo pasara en nuestro querido México, kilométricas colas de ciudadanos motivados por el civismo, la participación ciudadana, el espíritu de servicio, la entrega, la responsabilidad, la honestidad para con el manejo de la cosa pública ya se hubieran ofrecido voluntariamente a fin de ocupar el puesto, para acabar no solamente a Robin Hood, sino al mismísimo diablo si fuera necesario, para bien de la Nación, y desde luego sin sueldo alguno, ni tampoco “caídos”. Por algo México está como está…
José Luis Llovera Baranda.
Los premios
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| Archivo General de la Nación. Fondo Hermanos Mayo |
Hace unos días un estimado amigo nos comentaba que no terminaría nunca de lamentar el hecho de que por sistema se le hubiera negado a Juan de la Cabada la medalla “Justo Sierra Méndez”, máximo reconocimiento que pueblo y gobierno de Campeche otorgan a todos aquellos que, por su trayectoria cultural, hayan puesto en alto el nombre de su estado natal.
Sobre el particular nosotros pensamos que, como sucede en la entrega de premios y reconocimientos, aquí y en todas partes se cometen errores de apreciación, pero también hay aciertos. Y bien sabemos que muchas personas se prestigian con un premio, en tanto otras son precisamente las que le dan seriedad y brillo al propio premio.
Le recordamos a nuestro amigo que en la lista de los premios Nobel de Literatura notábamos la inexplicable ausencia de Jorge Luis Borges, James Joyce, Franz Kafka y Marcel Proust, y no por eso resultan perjudicados en lo más mínimo, pues con el Nobel o sin él sus obras seguirán siendo formidables monumentos literarios para siempre.
Lo mismo podemos decir del autor del cuento “La llovizna”, que puede ser modelo en su género, y otras narraciones más que por su calidad rebasaron nuestras fronteras nacionales.
Quisiéramos recordar hoy las palabras del gran escritor yucateco Ermilo Abreu Gómez, cuando refiriéndose a Juan de la Cabada nos dice: “Los cuentos de Juan los hemos leído muchas veces, y por Dios santo, que nos parecen cuentos sencillamente maestros, admirables desde todo punto de visa, por el tema, por la forma y la maliciosa y terrible intención. Son cuentos vividos y muchas veces soñados. El tema está aprisionado con tanto poder que se diría que es ficción. El idioma fluye, natural, sin tropiezo alguno. La idea y la palabra se ayuntan en forma indisoluble. Tras la lectura de estos cuentos la conciencia se queda muda ante la energía, el dolor, la vitalidad y la belleza que realizó el autor. Los cuentos de Juan de la Cabada figurarán entre los cuentos clásicos de la literatura moderna de México”.
José Luis Llovera Baranda.
sábado, 26 de marzo de 2011
Libertad de expresión
Entre las garantías de libertad contenidas en la parte dogmática de nuestra Constitución Federal, emergen esplendentes las de la expresión de las ideas y la de imprenta consagradas en los artículos sexto y séptimo de ese código fundamental, que nos rige desde 1917, que recogió todos los anhelos libertarios que animaron al movimiento revolucionario de 1910, que terminó con el porfiriato, en el cual sufrieron menguas esas libertades, al igual que en otras épocas dictoriales que imperaron en México.
Nuestro país, desde la Constitución de Apatzingán, había legislado sobre la positividad de esas libertades en función del derecho vigente, pero como ya dijimos, fueron largos períodos de nuestra historia política en los que no se respetaban cabalmente dichas libertades que se reincorporaron luego con nitidez y con el rango de derechos subjetivos públicos, que es lo que hoy celebramos y que, según los críticos, fue el mejor logro de México dentro de su evolución política.
En el mundo, aunque desde los albores de la sociedad hubo la necesidad de estas libertades, de las que se sintió su presencia en el campo cultural, no fue sino hasta 1789, en que la Revolución Francesa alumbró el espíritu con sus principios de igualdad, fraternidad y libertad, que fue el sustractum de su famosa declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, cuando por primera vez adquieren juridicidad aquellos principios libertarios que han sido la base en que se sustenta en el mundo la democracia.
Bien está que en nuestro calendario cívico se recuerde este día con limpio júbilo popular. Por todos los bienes sociopolíticos que trae la libre expresión de las ideas habladas y escritas, se advierte la necesidad de preservarlas en su limpia nitidez, para que siempre vivan momentos estelares y para que siempre pueda hablarse de ellas en son de festival.
José Luis Llovera Baranda.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Respeto y vida.
En algún momento de este implacable paso por los designios de Dios, hemos sucumbido ante la idea de sabernos inútiles y ociosos por ser peones en esta lucha en contra de la creciente ignorancia de unos y de la ininteligibilidad de otros. Y no sólo me refiero a aquello sobre lo cual nos sabemos conocedores, las bellas artes, urbanismo, literatura, etc., sino también sobre lo cual supondríamos que sabrían las masas y el vulgo: la elemental decencia de asumir respeto por todo y por todos.
Asi es, aunque se antoje una cualidad básica del ser humano, no es así en el mundo real. ¿O quizás exista esta condicionante en el mundo irreal?... puede ser. Y es que sería mejor atribuirle a esta dimensión virtual (no explorada aún) la existencia física y tangible de todo lo deseable, de todo lo anhelable en esta terrestre dimensión.
Por muy fútil que parezca, bien vale la pena ahondar en nuestros pensamientos y, al término del escudriñamiento mental, hallar finalmente la solución al tema... ¿habrá tal solución?
Por utópico que pueda parecer, el respeto asume su posición de sentimiento creíble desde una postura increíble: la necesidad de convivir con los demás como uno quisiera vivir consigo mismo. Así es, la máxima que inmortalizó al más inmortal de los hombres: Jesucristo. ¡Qué desdicha que después de más de dos mil años sigamos anhelando y persiguiendo los linderos de la doctrina filosófica del más universal de los pensadores que halla puesto un pie en este planeta!
Pues si, no hemos prosperado en esta incansable cruzada por la decencia, en esta inacabable lucha por el bien y la paz...
José Luis Llovera Abreu.
José Luis Llovera Abreu.
Ciudad
Cuando la ciudad implota ante el rampante desarrollo, cuando la vida muta de la apacibilidad al escándalo cotidiano, cuando la bruma de la polución diaria nubla hasta nuestos pensamientos, es cuando nos obligamos a la pausa y a la reflexión contínua... es cuando nos urge la necesaria retrospectiva y el replanteamiento del periplo...
Don Rafael Alcalá Dondé
Don Rafael Alcalá Dondé nació artista. Fue poeta, escritor, orador, maestro, pintor y conversador de muy altos vuelos, por lo que siempre hemos sostenido que nuestro personaje, entre otras cosas, se caracterizó por lograr reducir las horas a frágiles segundos, gracias a su palabra oportuna y chispeante, que con sagrada obediencia daba una y otra vez en el blanco del ingenio y de la gracia.
Con Alcalá Dondé tuvimos, a pesar de la diferencia de edades, una muy sólida y estrecha amistad. Lo quisimos y le profesamos un gran respeto intelectual, porque fue capaz de aproximar con gran intensidad la palabra a la vida y, de la palabra, hacer un florilegio exquisito y a veces hasta majestuoso.
Muchos son los ejemplos que podríamos dar sobre la capacidad poética de nuestro inolvidable amigo. Hoy les brindamos su magnífico soneto “Sombras”, “para cuando menos abrir el apetito a quienes buscan mejores bocados que los que ofrece la cursi repostería literaria que hoy nos invade”:
Eres, Sombra, la sombra perseguida
en la sombra del tiempo sin memoria;
eres sombra y la sombra es ilusoria
como la sombra misma de la vida.
Bien quisiera la sombra detenida
de tu sombra falaz y transitoria,
y al amparo de sombra promisoria
rasgar la sombra de la fe perdida.
Te imploro, Sombra, con inútil ruego;
tu sombra, Sombra, me mantiene ciego
porque en la sombra en que el pensar se abisma,
la sombra en sombra su secreto esconde,
y tu sombra, que es sombra, no responde
como la sombra de la vida misma…
Después de saborear este soneto tiene uno que sentirse dispuesto a desplegar velas y navegar por las doradas aguas del lenguaje, donde el verbo clava su etéreo cuerpo y se convierte en náutica flor, rosa de los vientos que aprisiona en sus vértices fragmentos de horizonte.
Don Rafael Alcalá Dondé ocupará siempre un lugar de privilegio, en la historia de la literatura campechana.
José Luis Llovera Baranda.
domingo, 20 de marzo de 2011
Joyas de ciudad
La consideración implícita de concebir a nuestras ciudades históricas como parte fundamental dentro de la inminente y constante transformación de nuestras urbes modernas, es primordial para el urbanista consciente de éste fenómeno de coexistencia tan común en nuestros centros urbanos mexicanos.
Nuestros centros históricos son hitos reconocibles que aluden a nuestras centenarias tradiciones y costumbres. Nuestras ciudades modernas son también muestra irrefutable de nuestro imparable progreso y de la clara inercia internacional del fenómeno de globalización del cual México no es ajeno.
Los procesos de densificación urbana y las estrategias de sustentabilidad deben permear a través de la frontera imaginaria o física que separa los dos grandes conglomerados urbanos de éstas ciudades ancestrales: el histórico y el moderno. Los objetivos y metas a seguir por los organismos y personas encargadas del desarrollo urbano local deberían implementar acciones conjuntas que beneficien, relacionen y estrechen los vínculos formales, funcionales y espaciales de éstas dos importantes áreas.
La revitalización de nuestros centros históricos depende en gran parte de los procesos de habitabilidad que se ejerzan en éstos y del empeño que en torno al tema le impriman los gobiernos locales conjuntamente con la federación. Estas joyas de ciudad, que en muchas ocasiones subsisten y no coexisten con su entorno contemporáneo, deberán adecuarse para así poderse relacionar con sus colaterales urbanos.
José Luis Llovera Abreu
viernes, 18 de marzo de 2011
LA ALDABITA
La gran importancia de un tema que hoy es aparentemente trivial
Por José Luis Llovera Baranda
Por los años cincuentas del siglo pasado, por hacer referencia en cuanto a fechas, existía la costumbre en las casas de Campeche, de utilizar en las puertas de las casas las hoy totalmente desaparecidas ¨aldabitas ¨. De tal suerte que si algún familiar o amigo llegaban de visita no tenían que tocar a la puerta, pues simple y sencillamente quitaban la aldabita y entraban. Así de simple.Un ahorro de energía y tiempo para los moradores y para los visitantes.
Y muchas personas, amables lectores, podrían pensar que este tema es totalmente trivial y que le estamos dedicando demasiado espacio. Nada más lejos de la verdad. Veamos: detrás de la aldabita estaba ni más ni menos la confianza, la cual no tiene precio. Se vivía con la certeza de que nada ni nadie violaría nuestra intimidad. Que nuestra integridad física y nuestros bienes estaban resguardados ante la solvencia moral de una sociedad unida y solidaria, que se nutría de los más altos conceptos morales. La famosa aldabita era patente de corso para navegar a toda vela por los mares de la seguridad absoluta. Era un pacto tácito de libertad y campechanía en un conglomerado que creía a ciencia cierta , en la honestidad del prójimo.
Y así vivimos durante muchísimos años, con la aldabita en la puerta principal de nuestras casas. Pero insistimos, para lograr lo anterior existía un complejo andamiaje que sostenía valores extraordinarios, dentro de los cuales estaban, la honestidad, la caballerosidad, las ganas de servir y ser útil, se tenía pues, el concepto muy claro de la convivencia, no solamente pacífica, sino la de afectos y respetos compartidos.
Por las más elementales razones sociopolíticas, económicas, etc., etc., los moradores se volvieron desconfiados, o más bien , nos volvimos incrédulos ante la verticalidad de la gente.
Como si la política de puertas abiertas, representada por la aldabita, hubiera muerto, para dar paso a la desconfianza sistemática tan característica hoy de todas las sociedades del mundo entero.
Hace unos días un querido amigo nuestro nos llevó a visitar a su señora madre, en pleno corazón de esta bella San Francisco de Campeche, y nos topamos en la puerta con la muy recordada aldabita, y pensamos; todavía existe fe en muchas personas que creen y aman al prójimo como nos lo pidió Jesucristo.
No pretendemos que se vuelva a los dorados ayeres de la aldabita, sino única y exclusivamente , que se destierre el Homo homini lupus de Plauto, para acercar al hombre con el hombre, sin importar lenguas, condiciones económicas, sociales o políticas, para poder decir sin romanticismos cursis, que los actos bondadosos y humanos han vuelto con nuevos bríos , que a la postre habrán de traducirse en cariño , confianza y amor hacia todo y hacia todos.
lunes, 14 de marzo de 2011
"Multitaskers"
Hace varios días, explorábamos las páginas de algunos artículos de “The New York Times” a través del internet. Uno de ellos sustrajo de inmediato toda nuestra atención. Y no es para menos, era acerca de algo muy común en todas las sociedades del mundo, me refiero a nuestra gradual y a veces vertiginosa conversión como seres humanos para ser capaces de realizar 10 o más tareas a la vez, todo esto valiéndonos de los más novedosos artefactos electrónicos y digitales. Me refiero a las personas multi-tareas o “multitaskers”, utilizando el término anglosajón.
¿Cómo es posible y en qué momento decidimos explotar los confines de nuestros cerebros hasta el máximo para ser capaces de mantenernos ocupados en todo momento, preocupados por el momento y conectados al internet al mismo momento que todos?... Así es, y todo nació por un momento de lucidez de alguien que quiso cambiar al mundo, y en efecto, ¡lo ha conseguido! Y no me refiero a una persona en particular, aunque es posible que la catapulta particular de alguien específico haya propiciado el salto cuántico a la universalidad de la idea que hoy día es imparable, me refiero también a la ineludible oleada de adeptos que nos entregamos incondicionalmente a la inercia evolutiva y progresista de las bondades de la ubicuidad cibernáutica.
Ahí les dejo estas reflexiones particulares de alguien que, como seguramente muchos de ustedes, aún batalla por no ceder todo nuestro terreno a las mieles de la rampante tecnología, tratando día a día, de acrecentar el espíritu inmortal de la convivencia física y de la alimentadora lectura.
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