martes, 29 de marzo de 2011

Urbanismo material e inmaterial (2)

El urbanismo material es impalpable, es intocable pero comprensible, es lo que otorga sentido y pertenencia a nuestras ciudades.

El urbanismo inmaterial es orígen y fin, es voluntad política y es entorno virtual que da coherencia funcional a nuestros contextos urbanos, a nuestros medios físicos, a nuestros ambientes hechos por nosotros, hechos por el hombre. Es consecuencia y motivo, es causa y efecto; uno se compagina y depende del otro, es simbiosis eterna entre lo MATERIAL y lo INMATERIAL.

José Luis Llovera Abreu.

Conformismo

Me refiero al aliento perverso del conformismo, de la mediocridad y del letargo nefasto que congela nuestas mentes y empantana nuestras palabras.

Tan anquilosado es aquel que se paraliza al saberse inferior y al sentirse sumiso por su precario carácter y por su prístina cultura, como aquel que, siendo dotado de cuerpo y alma, no se aventura a dar el salto cuántico hacia la inmortalidad.

Son éstos últimos los lastres imperdonables de nuestras sociedades modernas; y son los primeros las escorias por donde debemos hurgar de vez en cuando, en busca de, quizás, algún alma única que quiera levantar el vuelo hacia horizontes inexplorados.

Las altitudes inasibles son utopía en las mentes conformistas y son metas en el horizonte del visionario.

José Luis Llovera Abreu.

domingo, 27 de marzo de 2011

Robin Hood


Imagen: lucho-expresionescrita.blogspot.com



Si Robin Hood viviera en nuestros días podría ejercer de “ladrón bueno” sin miedo a ser perseguido por las autoridades en la que fue su ciudad natal, Nottingham, ya que esta legendaria villa inglesa se quedará sin “sheriff” a partir del mes de mayo, porque nadie quiere ocupar el puesto de defensor de la ley, de acuerdo con una nota de prensa de la agencia EFE, en la cual también se asienta que de no resolverse este problema, el puesto de “sheriff” de Nottingham, ciudad que sirvió de escenario al famoso Robin Hood, de sobra conocido por robarle a los ricos para darle a los pobres, quedará vacante por primera vez en ocho siglos, después de que se retire el actual, Ron Mcintosh, el próximo mes de mayo. En la citada nota se afirma que el mencionado puesto tiene un carácter más ceremonial que ejecutivo, y que no está remunerado y obliga al que lo ocupa a retirarse de la vida política durante un año, y es por ello por lo que quizás ha sido rechazado hoy por todos los miembros que integran la mayoría del Partido Laborista en el Ayuntamiento, a quienes corresponde ocupar el cargo.

Pues así las cosas, en tanto el partido mayoritario en el consejo municipal no encuentra al nuevo “sheriff”, el partido opositor conservador bromea sobre esta situación y señala que Robin Hood debe estar riendo en los bosques de Sherwood por la falta de “enemigos” a los cuales enfrentarse. El quid de todo lo anterior estriba, para no darle mayores vueltas, en que el aludido puesto no está remunerado, y seguramente, aunque el comunicado de prensa de EFE no lo especifica, tampoco aquella “chamba” se presta a ser “pellizcada”.

Bueno, pero todo lo anterior acontece en un lugar de Inglaterra, y tal vez los ingleses, o muchos de ellos, no están acostumbrados al sacrificio por el solar nativo, por la Patria, quizá a esto obedezca el problema.

En cambio si lo mismo pasara en nuestro querido México, kilométricas colas de ciudadanos motivados por el civismo, la participación ciudadana, el espíritu de servicio, la entrega, la responsabilidad, la honestidad para con el manejo de la cosa pública ya se hubieran ofrecido voluntariamente a fin de ocupar el puesto, para acabar no solamente a Robin Hood, sino al mismísimo diablo si fuera necesario, para bien de la Nación, y desde luego sin sueldo alguno, ni tampoco “caídos”. Por algo México está como está…

José Luis Llovera Baranda.

Los premios


Archivo General de la Nación. Fondo Hermanos Mayo



Hace unos días un estimado amigo nos comentaba que no terminaría nunca de lamentar el hecho de que por sistema se le hubiera negado a Juan de la Cabada la medalla “Justo Sierra Méndez”, máximo reconocimiento que pueblo y gobierno de Campeche otorgan a todos aquellos que, por su trayectoria cultural, hayan puesto en alto el nombre de su estado natal.

Sobre el particular nosotros pensamos que, como sucede en la entrega de premios y reconocimientos, aquí y en todas partes se cometen errores de apreciación, pero también hay aciertos. Y bien sabemos que muchas personas se prestigian con un premio, en tanto otras son precisamente las que le dan seriedad y brillo al propio premio.

Le recordamos a nuestro amigo que en la lista de los premios Nobel de Literatura notábamos la inexplicable ausencia de Jorge Luis Borges, James Joyce, Franz Kafka y Marcel Proust, y no por eso resultan perjudicados en lo más mínimo, pues con el Nobel o sin él sus obras seguirán siendo formidables monumentos literarios para siempre.

Lo mismo podemos decir del autor del cuento “La llovizna”, que puede ser modelo en su género, y otras narraciones más que por su calidad rebasaron nuestras fronteras nacionales.

Quisiéramos recordar hoy las palabras del gran escritor yucateco Ermilo Abreu Gómez, cuando refiriéndose a Juan de la Cabada nos dice: “Los cuentos de Juan los hemos leído muchas veces, y por Dios santo, que nos parecen cuentos sencillamente maestros, admirables desde todo punto de visa, por el tema, por la forma y la maliciosa y terrible intención. Son cuentos vividos y muchas veces soñados. El tema está aprisionado con tanto poder que se diría que es ficción. El idioma fluye, natural, sin tropiezo alguno. La idea y la palabra se ayuntan en forma indisoluble. Tras la lectura de estos cuentos la conciencia se queda muda ante la energía, el dolor, la vitalidad y la belleza que realizó el autor. Los cuentos de Juan de la Cabada figurarán entre los cuentos clásicos de la literatura moderna de México”.

José Luis Llovera Baranda.

sábado, 26 de marzo de 2011

Libertad de expresión

Entre las garantías de libertad contenidas en la parte dogmática de nuestra Constitución Federal, emergen esplendentes las de la expresión de las ideas y la de imprenta consagradas en los artículos sexto y séptimo de ese código fundamental, que nos rige desde 1917, que recogió todos los anhelos libertarios que animaron al movimiento revolucionario de 1910, que terminó con el porfiriato, en el cual sufrieron menguas esas libertades, al igual que en otras épocas dictoriales que imperaron en México.

Nuestro país, desde la Constitución de Apatzingán, había legislado sobre la positividad de esas libertades en función del derecho vigente, pero como ya dijimos, fueron largos períodos de nuestra historia política en los que no se respetaban cabalmente dichas libertades que se reincorporaron luego con nitidez y con el rango de derechos subjetivos públicos, que es lo que hoy celebramos y que, según los críticos, fue el mejor logro de México dentro de su evolución política.

En el mundo, aunque desde los albores de la sociedad hubo la necesidad de estas libertades, de las que se sintió su presencia en el campo cultural, no fue sino hasta 1789, en que la Revolución Francesa alumbró el espíritu con sus principios de igualdad, fraternidad y libertad, que fue el sustractum de su famosa declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, cuando por primera vez adquieren juridicidad aquellos principios libertarios que han sido la base en que se sustenta en el mundo la democracia.

Bien está que en nuestro calendario cívico se recuerde este día con limpio júbilo popular. Por todos los bienes sociopolíticos que trae la libre expresión de las ideas habladas y escritas, se advierte la necesidad de preservarlas en su limpia nitidez, para que siempre vivan momentos estelares y para que siempre pueda hablarse de ellas en son de festival.

José Luis Llovera Baranda.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Respeto y vida.

En algún momento de este implacable paso por los designios de Dios, hemos sucumbido ante la idea de sabernos inútiles y ociosos por ser peones en esta lucha en contra de la creciente ignorancia de unos y de la ininteligibilidad de otros. Y no sólo me refiero a aquello sobre lo cual nos sabemos conocedores, las bellas artes, urbanismo, literatura, etc., sino también sobre lo cual supondríamos que sabrían las masas y el vulgo: la elemental decencia de asumir respeto por todo y por todos.

Asi es, aunque se antoje una cualidad básica del ser humano, no es así en el mundo real. ¿O quizás exista esta condicionante en el mundo irreal?... puede ser. Y es que sería mejor atribuirle a esta dimensión virtual (no explorada aún) la existencia física y tangible de todo lo deseable, de todo lo anhelable en esta terrestre dimensión.

Por muy fútil que parezca, bien vale la pena ahondar en nuestros pensamientos y, al término del escudriñamiento mental, hallar finalmente la solución al tema... ¿habrá tal solución?

Por utópico que pueda parecer, el respeto asume su posición de sentimiento creíble desde una postura increíble: la necesidad de convivir con los demás como uno quisiera vivir consigo mismo. Así es, la máxima que inmortalizó al más inmortal de los hombres: Jesucristo. ¡Qué desdicha que después de más de dos mil años sigamos anhelando y persiguiendo los linderos de la doctrina filosófica del más universal de los pensadores que halla puesto un pie en este planeta!

Pues si, no hemos prosperado en esta incansable cruzada por la decencia, en esta inacabable lucha por el bien y la paz...

José Luis Llovera Abreu.

Ciudad

Cuando la ciudad implota ante el rampante desarrollo, cuando la vida muta de la apacibilidad al escándalo cotidiano, cuando la bruma de la polución diaria nubla hasta nuestos pensamientos, es cuando nos obligamos a la pausa y a la reflexión contínua... es cuando nos urge la necesaria retrospectiva y el replanteamiento del periplo...

Don Rafael Alcalá Dondé


Don Rafael Alcalá Dondé nació artista. Fue poeta, escritor, orador, maestro, pintor y conversador de muy altos vuelos, por lo que siempre hemos sostenido que nuestro personaje, entre otras cosas, se caracterizó por lograr reducir las horas a frágiles segundos, gracias a su palabra oportuna y chispeante, que con sagrada obediencia daba una y otra vez en el blanco del ingenio y de la gracia.

Con Alcalá Dondé tuvimos, a pesar de la diferencia de edades, una muy sólida y estrecha amistad. Lo quisimos y le profesamos un gran respeto intelectual, porque fue capaz de aproximar con gran intensidad la palabra a la vida y, de la palabra, hacer un florilegio exquisito y a veces hasta majestuoso.

Muchos son los ejemplos que podríamos dar sobre la capacidad poética de nuestro inolvidable amigo. Hoy les brindamos su magnífico soneto “Sombras”, “para cuando menos abrir el apetito a quienes buscan mejores bocados que los que ofrece la cursi repostería literaria que hoy nos invade”:

Eres, Sombra, la sombra perseguida
en la sombra del tiempo sin memoria;
eres sombra y la sombra es ilusoria
como la sombra misma de la vida.

Bien quisiera la sombra detenida
de tu sombra falaz y transitoria,
y al amparo de sombra promisoria
rasgar la sombra de la fe perdida.

Te imploro, Sombra, con inútil ruego;
tu sombra, Sombra, me mantiene ciego
porque en la sombra en que el pensar se abisma,

la sombra en sombra su secreto esconde,
y tu sombra, que es sombra, no responde
como la sombra de la vida misma…

Después de saborear este soneto tiene uno que sentirse dispuesto a desplegar velas y navegar por las doradas aguas del lenguaje, donde el verbo clava su etéreo cuerpo y se convierte en náutica flor, rosa de los vientos que aprisiona en sus vértices fragmentos de horizonte.

Don Rafael Alcalá Dondé ocupará siempre un lugar de privilegio, en la historia de la literatura campechana.

José Luis Llovera Baranda.

domingo, 20 de marzo de 2011

Joyas de ciudad

La consideración implícita de concebir a nuestras ciudades históricas como parte fundamental dentro de la inminente y constante transformación de nuestras urbes modernas, es primordial para el urbanista consciente de éste fenómeno de coexistencia tan común en nuestros centros urbanos mexicanos.

Nuestros centros históricos son hitos reconocibles que aluden a nuestras centenarias tradiciones y costumbres. Nuestras ciudades modernas son también muestra irrefutable de nuestro imparable progreso y de la clara inercia internacional del fenómeno de globalización del cual México no es ajeno.

Los procesos de densificación urbana y las estrategias de sustentabilidad deben permear a través de la frontera imaginaria o física que separa los dos grandes conglomerados urbanos de éstas ciudades ancestrales: el histórico y el moderno. Los objetivos y metas a seguir por los organismos y personas encargadas del desarrollo urbano local deberían implementar acciones conjuntas que beneficien, relacionen y estrechen los vínculos formales, funcionales y espaciales de éstas dos importantes áreas.

La revitalización de nuestros centros históricos depende en gran parte de los procesos de habitabilidad que se ejerzan en éstos y del empeño que en torno al tema le impriman los gobiernos locales conjuntamente con la federación. Estas joyas de ciudad, que en muchas ocasiones subsisten y no coexisten con su entorno contemporáneo, deberán adecuarse para así poderse relacionar con sus colaterales urbanos.


José Luis Llovera Abreu

viernes, 18 de marzo de 2011

LA ALDABITA

           La gran importancia de un tema que hoy es aparentemente trivial

                                                                                    Por José Luis Llovera Baranda

Por los años cincuentas del siglo pasado, por hacer referencia en cuanto a fechas, existía la costumbre en las casas de Campeche, de utilizar en las puertas de las casas las hoy totalmente desaparecidas ¨aldabitas ¨. De tal suerte que si algún familiar o amigo llegaban de visita no tenían que tocar a la puerta, pues simple y sencillamente quitaban la aldabita y entraban. Así de simple.Un ahorro de energía y tiempo para los moradores y para los visitantes.

Y muchas personas, amables lectores, podrían pensar que este tema es totalmente trivial y que le estamos dedicando demasiado espacio. Nada más lejos de la verdad. Veamos: detrás de la aldabita estaba ni más ni menos la confianza, la cual no tiene precio. Se vivía con la certeza de que nada ni nadie violaría nuestra intimidad. Que nuestra integridad física y nuestros bienes estaban resguardados ante la solvencia moral de una sociedad unida y solidaria, que se nutría de los más altos conceptos morales. La famosa aldabita era patente de corso para navegar a toda vela por los mares de la seguridad absoluta. Era un pacto tácito de libertad y campechanía en un conglomerado que creía a ciencia cierta , en la honestidad del prójimo.

Y así vivimos durante muchísimos años, con la aldabita en la puerta principal de nuestras casas. Pero insistimos, para lograr lo anterior existía un complejo andamiaje que sostenía valores extraordinarios, dentro de los cuales estaban, la honestidad, la caballerosidad, las ganas de servir y ser útil, se tenía pues, el concepto muy claro de la convivencia, no solamente pacífica, sino la de afectos y respetos compartidos.

Por las más elementales razones sociopolíticas, económicas, etc., etc., los moradores se volvieron desconfiados, o más bien , nos volvimos incrédulos ante la verticalidad de la gente.

Como si la política de puertas abiertas, representada por la aldabita, hubiera muerto, para dar paso a la desconfianza sistemática tan característica hoy de todas las sociedades del mundo entero.

Hace unos días un querido amigo nuestro nos llevó a visitar a su señora madre, en pleno corazón de esta bella San Francisco de Campeche, y nos topamos en la puerta con la muy recordada aldabita, y pensamos; todavía existe fe en muchas personas que creen y aman al prójimo como nos lo pidió Jesucristo.

No pretendemos que se vuelva a los dorados ayeres de la aldabita, sino única y exclusivamente , que se destierre el Homo homini lupus de Plauto, para acercar al hombre con el hombre, sin importar lenguas, condiciones económicas, sociales o políticas, para poder decir sin romanticismos cursis, que los actos bondadosos y humanos han vuelto con nuevos bríos , que a la postre habrán de traducirse en cariño , confianza y amor hacia todo y hacia todos.

lunes, 14 de marzo de 2011

"Multitaskers"

Hace varios días, explorábamos las páginas de algunos artículos de “The New York Times” a través del internet. Uno de ellos sustrajo de inmediato toda nuestra atención. Y no es para menos, era acerca de algo muy común en todas las sociedades del mundo, me refiero a nuestra gradual y a veces vertiginosa conversión como seres humanos para ser capaces de realizar 10 o más tareas a la vez, todo esto valiéndonos de los más novedosos artefactos electrónicos y digitales. Me refiero a las personas multi-tareas o “multitaskers”, utilizando el término anglosajón.

¿Cómo es posible y en qué momento decidimos explotar los confines de nuestros cerebros hasta el máximo para ser capaces de mantenernos ocupados en todo momento, preocupados por el momento y conectados al internet al mismo momento que todos?... Así es, y todo nació por un momento de lucidez de alguien que quiso cambiar al mundo, y en efecto, ¡lo ha conseguido! Y no me refiero a una persona en particular, aunque es posible que la catapulta particular de alguien específico haya propiciado el salto cuántico a la universalidad de la idea que hoy día es imparable, me refiero también a la ineludible oleada de adeptos que nos entregamos incondicionalmente a la inercia evolutiva y progresista de las bondades de la ubicuidad cibernáutica.

Ahí les dejo estas reflexiones particulares de alguien que, como seguramente muchos de ustedes, aún batalla por no ceder todo nuestro terreno a las mieles de la rampante tecnología, tratando día a día, de acrecentar el espíritu inmortal de la convivencia física y de la alimentadora lectura.

 José Luis Llovera Abreu.





Urbanismo material e inmaterial.


La Real Academia Española define al urbanismo como “el conjunto de conocimientos que se refieren al estudio de la creación, desarrollo, reforma y progreso de los poblados, en orden a las necesidades materiales de la vida humana”.

Es evidente que las necesidades materiales son acorde a las exigencias inmateriales de los seres humanos, de tal suerte que podríamos inferir que el urbanismo representaría una continua y permanente simbiosis de ambas premisas, fundamentales en la vida del hombre: las necesidades materiales y las inmateriales. Una conlleva a la otra.

La ciudad como reflejo fiel, aunque lento, del acontecer progresista de cualquier sociedad, es en muchas ocasiones “víctima” de este mal concebido progreso que, rampante y vertiginoso, se agolpa en una perversa mezcla de confusión y caos.

Pero, ¿por qué tiene que ser tan complicado mantener el orden en nuestras ciudades?, ¿es que no hay planeación en nuestro país? La respuesta es simple y tajante, si hay planeación en México y buena, lo difícil es seguirla al pié de la letra sin toparnos con la multiplicidad de intereses, regímenes de propiedad, conflictos legales, controversias constitucionales y demás circunstancias que contribuyen a hacer de esta problemática una situación enrevesada sobre la cual, quienes nos dedicamos a la planeación urbana, tenemos que desmenuzar y abrirnos paso sobre toda una maraña de conjeturas frecuentemente indescifrables, para casi arribar en una solución decorosa. Esto no es lo deseable, pero es casi siempre lo realizable.

Entendamos lo material como todo lo tangible; nuestras calles, banquetas, mobiliario urbano, señalización, etcétera; concibamos lo inmaterial, en este caso, como todos los parabienes que como habitantes de toda ciudad desearíamos tener como producto de la existencia de determinados elementos físicos que nos ayudan a vivir y a concebir con suma claridad nuestros entornos urbanos. Comprendamos lo inmaterial como los múltiples satisfactores que recibimos como respuesta inmediata de estos elementos palpables de nuestras ciudades. En síntesis, valoremos lo inmaterial como nuestros índices de calidad de vida.

La zona metropolitana de Vancouver, mejor conocida como “Metro Vancouver”, es quizás la región urbana con mejor calidad de vida en el mundo y esto es debido a diferentes circunstancias, todas por supuesto, ligadas a la capacidad de gobernar y de interactuar entre los diferentes gobiernos y tomadores de decisiones de la sociedad en general que, finalmente, dan como resultado una casi perfecta simbiosis entre los factores materiales e inmateriales sobre los cuales hemos hablado.

México quizás se encuentre un tanto alejado de esta anhelado resultado, tal vez tengamos que construir muchos lazos y puentes que vinculen la una con la otra, y para esto es posible que se requiera una reestructuración de nuestro sistema político y de nuestro marco legal urbano. Así es, todo lo anterior es probable, pero es necesario sugerirlo, implementarlo, hacerlo; nunca es tarde para comenzar esta noble cruzada por la habitabilidad en nuestras ciudades.

 José Luis Llovera Abreu.

Desarrollo urbano: planeación estratégica y voluntad política.

El tema relacionado con el crecimiento demográfico y urbano de nuestras ciudades es, sin duda, concebido hoy día como un tópico de carácter especializado y ajeno a muchas personas.

Sin duda alguna, en la mayoría de los más de dos mil cuatrocientos municipios que hay en nuestro país, ha sido tema complejo y árido de entender para muchos habitantes y gobernantes.

Esta evidente incomprensión ha originado consigo una serie de anomalías, inconsistencias e irregularidades que han acarreado, a lo largo de los últimos años, un lastre casi infranqueable para quienes hoy, tratamos con singular empeño retomar, a toda costa y de manera contundente, el tema de la planeación urbana concertada y estratégica.

La gran mayoría de estas “calamidades” urbanas se deben a la citada falta de planeación que otrora se descuidara de la agenda citadina. Hoy, acusamos los efectos de ésta garrafal falta y experimentamos sus lamentables consecuencias.

El centro histórico, los barrios tradicionales, las colonias, los vecindarios, los fraccionamientos, los suburbios, los asentamientos irregulares, las áreas de riesgo, las zonas de preservación ecológica y demás perímetros identificables, todos parte característica de estas urbes, se arremolinan en el anagrama urbano y se funden en un crisol, a veces identificable, otras veces mimetizado entre si produciendo toda una gama de problemas e infortunios impidiendo el diálogo y la lectura legible entre habitante y ciudad. Quizás este fenómeno repetitivo fascine a muchos, tal vez atraiga a quienes gustan del ambiente cosmopolita, quizás también sea factor de condiciones de habitabilidad para muchas personas, pero lo que es innegable, es que, en todos los casos, se cumple la triste paradoja de ser los sitios en donde se concentra la mayor riqueza y la mayor pobreza del país. Eso no es encantador.

Es posible que nos hayamos acostumbrado a vivirlas de esa forma, pero es inaudito que nos conformemos a habitarlas sin ningún atisbo de cambio o de mejora al menos en el corto, mediano o largo plazo. 

Quienes interferimos en los procesos de crecimiento de nuestras ciudades estamos profundamente comprometidos en reorientarlas y reordenarlas. No basta solamente con hacer una buena planeación. En nuestro país, y esencialmente en casi todas las 358 localidades mayores a los quince mil habitantes, existe una gran cantidad de instrumentos de planeación, la gran mayoría con vigencia legal aunque muchos operativos con un alto grado de obsolescencia. Asimismo, reconocemos que varios centros de población cuentan con programas o planes de desarrollo urbanos actualizados y debidamente implementados.

No es un tema de falta de planeación, es un tema de, muchas veces, una carencia de voluntad política de parte de los gobernantes y tomadores de decisiones. No confundamos la falta de asideros legales con la ausencia de mecanismos y de herramientas para hacer efectivos esos canales jurídicos que hacen efectivas nuestras cartas urbanas y nuestros instrumentos para planificar el desarrollo urbano en nuestras localidades. Hay mucho por hacer, comencemos hoy.

José Luis Llovera Abreu









sábado, 12 de marzo de 2011

DESDE LERMA, A CORAZÓN ABIERTO...

Desde Lerma parte la voz que se alimenta con verdes celestes y azules marinos para proyectar palabras de brisa, luz y cielo. Y en la arena lermera se escriben, con las alas de la imaginación, pensamientos bellos que nutren espíritus y dan más vida a la vida.

Así pudimos leer en el arenal del recuerdo, siempre presente, que si la voluntad bastara al numen, si el entusiasmo fuera fruto únicamente del espíritu capaz de producir la belleza en sus múltiples formas, cuántas cosas de exquisita hermosura brotarían del intelecto para conmemorar hechos y bendecir nombres que en el señuelo de la gratitud deben ser luminarias que vayan guiando a las generaciones presentes y futuras al santuario sagrado del recuerdo donde, al calor del patriotismo,  se encienda la lámpara votiva que brinde intensa luz a todo lo llamado a perdurar entre la obscuridad del olvido y la punible indiferencia que las naciones y los pueblos que no rinden homenaje a sus benefactores no merecen lugar en el amplio camino del progreso.

En Lerma aprendimos a entender lo que dicen las cosas en noches de eternas remembranzas e interpretar mágicos lenguajes, cuando la montaña se ilumina de luz que inundan las estrellas es más azul el firmamento, el follaje es de verde filigrana, canta el ruiseñor su alegre serenata y hay orgía de luces, flores, perfumes y armonías, sin que falten los trágicos lamentos de las aves nocturnas, ni los espantosos graznidos de las brujas que en las sombras emprenden el vuelo, cuando anuncia el crepúsculo el gallo con su alegre diana y se oye el palpitar de la vida en el tañer de la campana cuyo eco repercute en nuestros corazones añoranzas de horas jubilosas, y el cielo se llena de matices y la luz vencedora se abre paso y el alba extiende en el horizonte la policromía matinal que convoca a los hombres al trabajo, que es la bendición de los pueblos, el amparo de las sociedades y el sostén de las familias.

Desde nuestro pueblo lermero repetiremos hoy y siempre, como nuestros ancestros lo hicieron con gallardía y coraje, que la actual generación, que por desgracia gime bajo la melancolía del desengaño, la tristeza de la desconfianza y la tremenda lucha que sostiene entre los recuerdos del pasado que la entusiasman y enaltecen y el temor por la duda y la obscuridad del porvenir que la confunde, torne nuevos bríos y se sobreponga a los decaimientos y con la cara al sol marche a la reconquista del ideal por todo lo hermoso y bello que dulcifique la amarga existencia del género humano.

A corazón abierto digamos: "Continuemos por el sendero de la vida, iluminados por la luz de la virtud y del trabajo en busca de firme y resplandeciente paz, para que se siembre el campo de doradas espigas y se temple el espíritu para escuchar música de ángeles, música bendita, única digna de oírse en el gran concierto universal", porque aún paréceme  escuchar el revolotear del ave fénix emergiendo de sus cenizas en las únicas playas del mundo que se detienen para dejarse ver.

José Luis Llovera Baranda.

HABITANDO LA CIUDAD



HABITANDO Y REHABILITANDO LA CIUDAD

Vivimos en un hábitat citadino, transcurren nuestras vidas hacia adentro de nuestras casas y hacia afuera de éstas, habitamos en la ciudad y ésta nos habita a nosotros. Pero, ¿cómo ocurre esta curiosa simbiosis?, ¿cómo es que trascendemos en este ambiente infestado de sonidos, olores, costumbres, tradiciones, hábitos y demás elementos y factores que tejen a diario el anagrama llamado urbe y con éste la rutina y el quehacer diario en nuestros hogares y en nuestras labores? Ha de ser una pregunta interesante de plantearnos y más valiosa habrá de ser la respuesta a tan valioso cuestionamiento.

La ciudad concebida como hoy la conocemos, difiere mucho de aquella de antaño. El implacable paso del progreso ha propiciado, sin duda, cambios radicales en la estructura física de las ciudades; el rampante transcurrir del tiempo ha traído consigo toda una gama de transformaciones de usos y costumbres en nosotros, y con éstas, toda una variedad consecuencial de mutaciones urbanas.

Y es ahora cuando nos detenemos un instante y reconocemos que la ciudad implota ante el vertiginoso desarrollo, la vida muta de la apacibilidad al escándalo cotidiano, la bruma de la polución continua nubla nuestros pensamientos y a la postre surge la pausa irrestricta obligándonos a la reflexión profunda. Ahora es cuando nos planteamos la necesaria retrospectiva y nos proponemos el replanteamiento y el rescate de nuestro ingente hogar colectivo: la ciudad.

Asumiendo que la cultura hecha ciudad es la civilización, entonces nos preguntamos ¿qué ha propiciado el cambio en nuestro estilo de vida? ¿qué tan diferente puede ser la necesidad de habitabilidad de una familia en el siglo XX y la de otra en el siglo XXI? Tal vez no haya diferencia en el fin intrínseco y último de ambas en lo que respecta a confort y satisfacción del hábitat urbano. Rememoremos algunos modelos urbanos.

Añoranzas provincianas
·      La calle.

Recordemos aquellas tardes apacibles de provincia en la que la calle era un espacio multifuncional. En horas de trabajo por ahí transitaban los automóviles, llegada la tarde y la hora del almuerzo se convertía en el área de juegos de niños y adolescentes; y llegada la noche, y si así se había consensado con la vecindad, se transformaba en un gran salón de fiestas al cubrir con grandes lonas el claro comprendido por las banquetas y el arroyo vehicular, sujetándose éstas vastas telas de los pretiles de las casas. Sí, llegada la hora convenida se cerraba la calle al paso de coches, y era este el sitio temporal de una gran fiesta a la que asistía la comunidad  invitada al jolgorio, ya sea por motivo de algún cumpleaños, fiesta de graduación o por época de carnaval. Al siguiente día la vida continuaba y la calle, aquel espacio de sucesos intempestivos, volvía a mirarnos con su cara de siempre y con su nobleza asegurada.

·      El pregonero, el comerciante ambulante.

El pregonero era realmente el mercader ambulante. Aquellas personas que gritaban sin cesar y con voz melodiosa ofreciendo sus productos por las calles y callejones intrincados de la ciudad sin establecerse en ningún sitio específico y siempre deambulando incansables hasta lograr la venta completa de sus frutas, pescados y panes, todos frescos y todos cosechados, pescados y horneados en ese día. No había bullicio que opacara el canto del pregonero. Las amas de casa acudían rápido al llamado y compraban las viandas en las puertas de sus casas. Al final del día la familia comía bien y los pregoneros aseguraban la ganancia diaria para el sustento de sus hogares.

·      El parque de “la cuadra”

“La cuadra” o la manzana, es sinónimo de trazas características y reconocibles, propias de las ordenanzas borbónicas de la época virreinal. Es la disposición en forma de tablero de ajedrez o de damero, tan peculiar de muchas ciudades mexicanas. Los parques de “la cuadra” son equiparables en función, aunque no en tamaño, a los parques centrales o a los parques de centro de barrio. Esos, los de “la cuadra”, eran espacios inmediatos de esparcimiento y de entretenimiento, sitios ad hoc con juegos infantiles, veredas para bicicletas y, en algunos casos, alguna explanada de adoquín para los eventuales tríos o músicos de la localidad que aguardaban  noche tras noche la llegada de un romántico serenatero.

¿Será la modernidad sinónimo de imposiciones diversas y escollo que nos ha impedido vivir la ciudad como antaño? No lo creo. Al parecer se han olvidado las bondades de la habitabilidad, independientemente de la contemporaneidad de nuestras formas de vida. Hemos sido presa fácil de la influencia de modos y estilos de vida ajenos a los nuestros, hemos importado del norte gran parte del estereotipo urbanístico de otras ciudades y hemos malinterpretado el progreso de otros países tratando de mimetizarnos, forzadamente, en estos entornos y en estos contextos que no tienen ninguna relación con la idiosincrasia del ciudadano mexicano que ha nacido y ha vivido desde siempre en México. Nuestro país se ha distinguido por conservar aún el núcleo familiar como pilar irrefutable de nuestra sociedad, recuperemos esa convivencia y ese intercambio cultural que tanto necesita nuestra comunidad.

La sociedad mexicana se ha visto parcialmente fisurada en su estructura moral e ideológica por un sinfín de razones, la ciudad es el terreno sobre el cual sentar las bases para propiciar el sanamiento de este inminente, aunque previsible, resquebrajamiento social.

José Luis Llovera Abreu.


CARTA A MI HIJO JOSÉ LUIS


Carta a José Luis, mi hijo.

José Luis:

Querido y adorado hijo, pocas noticias nos inundan de alegría y nos invaden a tutiplén de dicha y esperanza. Hoy, has llegado a tu primer puerto en tu inminente e inaplazable largo transcurrir por la vida. Has librado, a pesar de tu novel carácter, con prometedora maestría los primeros escollos de un mar agolpado de olas y de un trayecto infestado de obstáculos. Has atracado tu embarcación sano y salvo, en el primer muelle de muchos por venir.

El avituallamiento será constante y necesario, tu nave requerirá eso y más para surcar las aguas bravas, para resistir las tempestades y no flaquear ante la colosal inmensidad del horizonte, muchas veces falto de un avistamiento seguro para atracar. Recuerda también que el timonel más confiable eres tu hijo, y nadie más. Tu mamá y yo haremos todo lo posible por prever días de calma y de solaz para tu camino, y aún sabedores de tener la fuerza del propio París al atravesar el intempestivo Adriático en compañía de su Helena huyendo de Menelao y Agamenón, somos conscientes de los caprichos de Poseidón y de sus azares y de su fuerza implacable.

Es por ello que haremos de ti un diestro “Marco Polo” y serás capaz de trazar tu propia ruta, tu propio curso en la vida. José Luis, tienes todo nuestro respaldo e incondicional e irrestricto apoyo. Toda la vida, toda tu vida.

Esperamos cerrar los ojos antes que tu y ver desde arriba como te habrás convertido en férreo maestro de tus hijos. Ese será nuestro mejor legado, esa será nuestra herencia invaluable y divina, la misma que tus cuatro abuelos nos legaron a tu mamá y a mi.

Y recuerda hijo, que cuando estés a punto de zarpar con Tanatos para el viaje infinito, es en ese preciso instante cuando recordarás que leíste esta carta y que tus padres te advirtieron que verías culminar tu obra preciosa, tu obra excelsa: tu mismo hijo trazando la ruta que tu mismo le enseñaste.

Y así será, per secula seculorum.

Te quiere siempre, tu papá.

José Luis Llovera Abreu

IN MEMORIAM. JORGE LUIS TORAYA LÓPEZ


In Memoriam

                                                   Jorge Luis Toraya López

Las aficiones comunes fueron santo y seña para fortalecer lazos de amistad con Jorge Luis Toraya López, que muy pronto habrían de ser relaciones fraternales.

Literalmente hablando, desde las profundidades del mar en nuestras aventuras de pesca submarina, emulando a Custeau, hasta las enardecidas pàginas de Perse y Neruda, conformaban nuestro estilo de vida. Respiramos mar y poesía, compartimos inquietudes, y siempre adivinamos en nuestro inolvidable amigo y hermano, además de cultura y talento, un corazón generoso que sólo supo latir en mayúsculas con la gallardía del hombre culto, talentoso , del hombre de bien, y quizá por ello, ese noble corazón se cansó de tanto amar al arte, a la ciencia, a su familia y amigos, pero no sin antes sembrar en el surco del afecto y la cultura la bendita semilla que crece e ilumina, para dar más vida a la propia vida.

Amigo de tiempo completo, lector empedernido, se caracterizó por cultivar la música, a la par que otras manifestaciones del espíritu.

Jorge Luis voló muy alto por su clara inteligencia, la cual se reflejaba en su docta charla, pero sin dejar de perder su esencia campechana de sencillez.

Podríamos escribir muchas cuartillas recordando a Jorge. Pero hoy, ante el dolor que nos causa su prematura partida, queremos comentar que lo recordaremos siempre con su sonrisa alegre, con su abrazo sincero, con la verticalidad que siempre demostró.

No queremos que nuestras palabras sean tomadas como sentimientos fúnebres, pues las lanzamos al aire en alarde de  profundo afecto, y de quien aplaude la eternidad del amigo brillante, para felicidad y en honor al talento.

Jorge Luis Toraya López  nos acompañará siempre, su imborrable recuerdo a manera de estandarte nos  repetirá  segundo a segundo que la muerte se convierte en metáfora de felices primaveras , y lo que más importa, en firmes promesas de resurrección.


                                                                     Josè Luis Llovera Baranda

ELSA MARÍA

Este es el soneto que mi bisabuelo Don Perfecto Baranda Macgregor le escribió a su hija, mi abuela, Elsa María Baranda Berrón cuando se murió.

Elsa María

De tanto cavilar en este mundo
al sepulcro me acerco enfermo y viejo;
es tu recuerdo mi dolor profundo
y ni dormido de sentirlo dejo.

Con tus virtudes mi pesar inundo,
son para mi alma encantador reflejo;
no prescindo de amarte ni un segundo
porque pensando en tí del mal me alejo.

Y quiera Dios que al definir mi suerte,
lejos de las miserias de la vida
sea más feliz en brazos de la muerte...

Que llegue desde luego la partida
y con el corazón templado y fuerte
pueda veme contigo, hija querida.

Perfecto Baranda Macgregor, Diciembre de 1946.

VIVIR INTENSAMENTE (2)

Para muchos, las medianías sólo significan mediocridad aunque muchas veces esto refleja un aspecto centrado y pasivo de la persona; y para otros, la personalidad radical sólo lleva a excesos y a una serie de condicionantes en la conducta del hombre hasta cierto punto nocivas para nuestra salud física y mental, aunque no se trata de juzgar y determinar la mejor postura para el bien de nuestra cultura y civilización sí debemos encauzar nuestros objetivos hacia algo concreto aunque esto sólo sea una figura intangible, producto de nuestros ideales y anhelos. Es difícil centrar un objetivo, pero es más complicado aún el hecho de aferrarnos a un ideal y defenderlo a capa y espada en una trayectoria de inexorable entereza; no se trata de encerrarnos en ideas absurdas e imposibles, lo difícil no es eso, sino defender cabalmente una serie de parámetros que van normando nuestro criterio encaminado a un fin predeterminado.

Creo que el hombre debe ser de una sola pieza, inflexible en cuanto a sus convicciones y plenamente convencido de sus aptitudes y de su vocación. Es cierto que a veces hay que ceder, pero esto siempre debe suceder en páginas intrascendentes de nuestra vida, en los capítulos importantes y vitales es en donde realmente debemos mostrar nuestra verticalidad e integridad moral. El ser radical de ninguna manera está ligado a una actitud necia e irracional, al contrario, debería ser el despliegue a toda asta de nuestra más fiel bandera, nuestra personalidad.

VOLVER A SER. José Luis Llovera Baranda

Hemos logrado hacer hoy, de la soledad, un oficio. Hemos vuelto a sentir esa hermosa inquietud por decir algo a través de la palabra escrita, animados tal vez por aquella aguda frase de Voltaire cuando señalaba que: "la más feliz de todas las vidas es una soledad atareada". Y aquella inquietud nuestra de la cual hablábamos, la sentimos disparada al cielo, como fruta que se abre a toda luz y a todo viento.

Las horas, hoy, las sentimos ligeras, casi aladas: la lucha por despojarnos de sensibilidad la perdimos. Y esa derrota -bendita- ha venido a constituir una de nuestras más grandes victorias. Al escribir hoy estas lineas, no pretendemos hacerlo utilizando un lenguaje "que corte el resuello" o con un "lenguaje guillotina".

Rebasamos ya horas difíciles. Retomamos actitudes, entre la que destaca la de copiarse a sí mismo mediante la vida interna, pero sin descuidar que debemos modificarnos merced a lo que se pueda aprender de la gente de valía, de verdadera valía, para poder modificar acciones y actitudes, sin pretender estruendosos cambios, sino como respuesta al aburrimiento siempre amenazante, hay que modificarse porque, si no, la pasividad devora. No hay experiencia perdida. De todo podemos sacar provecho. No sólo de la mañana radiante, soleada, podemos tomar un rayo de luz: también de la noche agria y triste, siempre y cuando se posea la ilusión de querer hacer algo provechoso y útil. Yes que el alma, "tiene ilusiones, como el pájaro alas; eso es lo que la sostiene".

Volver a navegar a corazón abierto, volver a ver con los ojos de la imaginación a aquella sirena enamorada de una lejana estrella, nos entusiasma y nos nutre el espíritu.

Recorrer viejos caminos, tener el derecho en todo momento de iluminar nuestro mundo interior y de encontrar en él la razón de estar orgulloso o por lo menos no sentirse avergonzado.

Lo más importante para nosotros, en estos momentos, es volver a ser. Como sabiamente apuntaba un escritor francés: "Usted mismo escoja vivir y no representar un papel en el que no cree. La vida es demasiado corta para ser pequeña".

VIVIR INTENSAMENTE

Muchas veces cuestionamos estrictamente nuestras acciones y tratamos de situarnos dentro de un marco social conservador y comedido como siguiendo la inercia de una búsqueda incesante por el tan anhelado y pragmático punto medio de la vida. Vivimos bajo la tutela de un estigma cultural donde la sociedad, casi siempre, está regida por lineamientos arcaicos y obsoletos; donde el hecho de vivir una vida tranquila y sin excesos de ninguna clase se ha instituido ya como un sinónimo de modelo social.