martes, 29 de marzo de 2011

Urbanismo material e inmaterial (2)

El urbanismo material es impalpable, es intocable pero comprensible, es lo que otorga sentido y pertenencia a nuestras ciudades.

El urbanismo inmaterial es orígen y fin, es voluntad política y es entorno virtual que da coherencia funcional a nuestros contextos urbanos, a nuestros medios físicos, a nuestros ambientes hechos por nosotros, hechos por el hombre. Es consecuencia y motivo, es causa y efecto; uno se compagina y depende del otro, es simbiosis eterna entre lo MATERIAL y lo INMATERIAL.

José Luis Llovera Abreu.

Conformismo

Me refiero al aliento perverso del conformismo, de la mediocridad y del letargo nefasto que congela nuestas mentes y empantana nuestras palabras.

Tan anquilosado es aquel que se paraliza al saberse inferior y al sentirse sumiso por su precario carácter y por su prístina cultura, como aquel que, siendo dotado de cuerpo y alma, no se aventura a dar el salto cuántico hacia la inmortalidad.

Son éstos últimos los lastres imperdonables de nuestras sociedades modernas; y son los primeros las escorias por donde debemos hurgar de vez en cuando, en busca de, quizás, algún alma única que quiera levantar el vuelo hacia horizontes inexplorados.

Las altitudes inasibles son utopía en las mentes conformistas y son metas en el horizonte del visionario.

José Luis Llovera Abreu.

domingo, 27 de marzo de 2011

Robin Hood


Imagen: lucho-expresionescrita.blogspot.com



Si Robin Hood viviera en nuestros días podría ejercer de “ladrón bueno” sin miedo a ser perseguido por las autoridades en la que fue su ciudad natal, Nottingham, ya que esta legendaria villa inglesa se quedará sin “sheriff” a partir del mes de mayo, porque nadie quiere ocupar el puesto de defensor de la ley, de acuerdo con una nota de prensa de la agencia EFE, en la cual también se asienta que de no resolverse este problema, el puesto de “sheriff” de Nottingham, ciudad que sirvió de escenario al famoso Robin Hood, de sobra conocido por robarle a los ricos para darle a los pobres, quedará vacante por primera vez en ocho siglos, después de que se retire el actual, Ron Mcintosh, el próximo mes de mayo. En la citada nota se afirma que el mencionado puesto tiene un carácter más ceremonial que ejecutivo, y que no está remunerado y obliga al que lo ocupa a retirarse de la vida política durante un año, y es por ello por lo que quizás ha sido rechazado hoy por todos los miembros que integran la mayoría del Partido Laborista en el Ayuntamiento, a quienes corresponde ocupar el cargo.

Pues así las cosas, en tanto el partido mayoritario en el consejo municipal no encuentra al nuevo “sheriff”, el partido opositor conservador bromea sobre esta situación y señala que Robin Hood debe estar riendo en los bosques de Sherwood por la falta de “enemigos” a los cuales enfrentarse. El quid de todo lo anterior estriba, para no darle mayores vueltas, en que el aludido puesto no está remunerado, y seguramente, aunque el comunicado de prensa de EFE no lo especifica, tampoco aquella “chamba” se presta a ser “pellizcada”.

Bueno, pero todo lo anterior acontece en un lugar de Inglaterra, y tal vez los ingleses, o muchos de ellos, no están acostumbrados al sacrificio por el solar nativo, por la Patria, quizá a esto obedezca el problema.

En cambio si lo mismo pasara en nuestro querido México, kilométricas colas de ciudadanos motivados por el civismo, la participación ciudadana, el espíritu de servicio, la entrega, la responsabilidad, la honestidad para con el manejo de la cosa pública ya se hubieran ofrecido voluntariamente a fin de ocupar el puesto, para acabar no solamente a Robin Hood, sino al mismísimo diablo si fuera necesario, para bien de la Nación, y desde luego sin sueldo alguno, ni tampoco “caídos”. Por algo México está como está…

José Luis Llovera Baranda.

Los premios


Archivo General de la Nación. Fondo Hermanos Mayo



Hace unos días un estimado amigo nos comentaba que no terminaría nunca de lamentar el hecho de que por sistema se le hubiera negado a Juan de la Cabada la medalla “Justo Sierra Méndez”, máximo reconocimiento que pueblo y gobierno de Campeche otorgan a todos aquellos que, por su trayectoria cultural, hayan puesto en alto el nombre de su estado natal.

Sobre el particular nosotros pensamos que, como sucede en la entrega de premios y reconocimientos, aquí y en todas partes se cometen errores de apreciación, pero también hay aciertos. Y bien sabemos que muchas personas se prestigian con un premio, en tanto otras son precisamente las que le dan seriedad y brillo al propio premio.

Le recordamos a nuestro amigo que en la lista de los premios Nobel de Literatura notábamos la inexplicable ausencia de Jorge Luis Borges, James Joyce, Franz Kafka y Marcel Proust, y no por eso resultan perjudicados en lo más mínimo, pues con el Nobel o sin él sus obras seguirán siendo formidables monumentos literarios para siempre.

Lo mismo podemos decir del autor del cuento “La llovizna”, que puede ser modelo en su género, y otras narraciones más que por su calidad rebasaron nuestras fronteras nacionales.

Quisiéramos recordar hoy las palabras del gran escritor yucateco Ermilo Abreu Gómez, cuando refiriéndose a Juan de la Cabada nos dice: “Los cuentos de Juan los hemos leído muchas veces, y por Dios santo, que nos parecen cuentos sencillamente maestros, admirables desde todo punto de visa, por el tema, por la forma y la maliciosa y terrible intención. Son cuentos vividos y muchas veces soñados. El tema está aprisionado con tanto poder que se diría que es ficción. El idioma fluye, natural, sin tropiezo alguno. La idea y la palabra se ayuntan en forma indisoluble. Tras la lectura de estos cuentos la conciencia se queda muda ante la energía, el dolor, la vitalidad y la belleza que realizó el autor. Los cuentos de Juan de la Cabada figurarán entre los cuentos clásicos de la literatura moderna de México”.

José Luis Llovera Baranda.

sábado, 26 de marzo de 2011

Libertad de expresión

Entre las garantías de libertad contenidas en la parte dogmática de nuestra Constitución Federal, emergen esplendentes las de la expresión de las ideas y la de imprenta consagradas en los artículos sexto y séptimo de ese código fundamental, que nos rige desde 1917, que recogió todos los anhelos libertarios que animaron al movimiento revolucionario de 1910, que terminó con el porfiriato, en el cual sufrieron menguas esas libertades, al igual que en otras épocas dictoriales que imperaron en México.

Nuestro país, desde la Constitución de Apatzingán, había legislado sobre la positividad de esas libertades en función del derecho vigente, pero como ya dijimos, fueron largos períodos de nuestra historia política en los que no se respetaban cabalmente dichas libertades que se reincorporaron luego con nitidez y con el rango de derechos subjetivos públicos, que es lo que hoy celebramos y que, según los críticos, fue el mejor logro de México dentro de su evolución política.

En el mundo, aunque desde los albores de la sociedad hubo la necesidad de estas libertades, de las que se sintió su presencia en el campo cultural, no fue sino hasta 1789, en que la Revolución Francesa alumbró el espíritu con sus principios de igualdad, fraternidad y libertad, que fue el sustractum de su famosa declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, cuando por primera vez adquieren juridicidad aquellos principios libertarios que han sido la base en que se sustenta en el mundo la democracia.

Bien está que en nuestro calendario cívico se recuerde este día con limpio júbilo popular. Por todos los bienes sociopolíticos que trae la libre expresión de las ideas habladas y escritas, se advierte la necesidad de preservarlas en su limpia nitidez, para que siempre vivan momentos estelares y para que siempre pueda hablarse de ellas en son de festival.

José Luis Llovera Baranda.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Respeto y vida.

En algún momento de este implacable paso por los designios de Dios, hemos sucumbido ante la idea de sabernos inútiles y ociosos por ser peones en esta lucha en contra de la creciente ignorancia de unos y de la ininteligibilidad de otros. Y no sólo me refiero a aquello sobre lo cual nos sabemos conocedores, las bellas artes, urbanismo, literatura, etc., sino también sobre lo cual supondríamos que sabrían las masas y el vulgo: la elemental decencia de asumir respeto por todo y por todos.

Asi es, aunque se antoje una cualidad básica del ser humano, no es así en el mundo real. ¿O quizás exista esta condicionante en el mundo irreal?... puede ser. Y es que sería mejor atribuirle a esta dimensión virtual (no explorada aún) la existencia física y tangible de todo lo deseable, de todo lo anhelable en esta terrestre dimensión.

Por muy fútil que parezca, bien vale la pena ahondar en nuestros pensamientos y, al término del escudriñamiento mental, hallar finalmente la solución al tema... ¿habrá tal solución?

Por utópico que pueda parecer, el respeto asume su posición de sentimiento creíble desde una postura increíble: la necesidad de convivir con los demás como uno quisiera vivir consigo mismo. Así es, la máxima que inmortalizó al más inmortal de los hombres: Jesucristo. ¡Qué desdicha que después de más de dos mil años sigamos anhelando y persiguiendo los linderos de la doctrina filosófica del más universal de los pensadores que halla puesto un pie en este planeta!

Pues si, no hemos prosperado en esta incansable cruzada por la decencia, en esta inacabable lucha por el bien y la paz...

José Luis Llovera Abreu.

Ciudad

Cuando la ciudad implota ante el rampante desarrollo, cuando la vida muta de la apacibilidad al escándalo cotidiano, cuando la bruma de la polución diaria nubla hasta nuestos pensamientos, es cuando nos obligamos a la pausa y a la reflexión contínua... es cuando nos urge la necesaria retrospectiva y el replanteamiento del periplo...